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Versículo:«Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas» (Éxodo 14: 21).
Hay muchos historiadores que niegan que Dios abrió las aguas del mar rojo para que el pueblo de Israel pasara en seco, pero el relato bíblico lo afirma sin reservas. Por supuesto, el relato de la santa Biblia no es un documento científico, sino una crónica que narra la forma en cómo Dios actuó para salvar a su pueblo. Desde esta perspectiva puedes ver los hechos portentosos del Dios que actúa en favor de sus hijos. El hombre que confía en Dios se maravilla de la manera en que Dios tiene el control sobre los elementos naturales; después de todo, él es el creador y como creador puede hacer con las leyes naturales lo que quiera.
Los israelitas observaron cómo el viento recio oriental enviado por Dios trabajó toda la noche para hacer que el mar rojo se abriera en dos. La Biblia dice que Dios hizo que el mar se partiera de tal forma que había una columna de agua a mano derecha y otra columna de agua a mano izquierda, dejando un camino seco por en medio para que el pueblo israelita pasara. De esta manera, el Señor salvó a su pueblo de las manos de sus enemigos.
El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios del Nuevo Testamento, pero también es el mismo Dios que te guía hoy. El Señor que salvó a los israelitas es el mismo Dios que sigue actuando ahora a favor de sus hijos. Como seres humanos, hay muchas pruebas y desafíos en la vida, mares rojos que se interponen en tu camino rumbo a la patria celestial. En muchas ocasiones, las pruebas son tan difíciles que lo que quieres es claudicar y dejar de luchar. ¿Cómo vencer situaciones donde no tienes el control? ¿Qué hacer cuando ni tus fuerzas ni tus medios son suficientes para seguir adelante? Es entonces cuando tienes que confiar, dejar tu causa en las manos de Dios y pedirle que abra el mar rojo que te agobia. Las turbulentas aguas de los problemas pareciera que te van a tragar, pero el Dios de los israelitas es tu Dios. Deja que él pelee tus batallas, que abra el mar que tú no puedes.
Mi querido amigo, ¿ante qué mar estás parado? ¿Qué problema te agobia al punto de que piensas que vas a perecer? Esta es la oportunidad de Dios, entrégale tu vida, pídele que te ayude a confiar en él y ruégale que te aumente la fe. El Dios todopoderoso está listo para auxiliarte y salvarte, ¿estarás dispuesto a confiar en él? Todo es por su gracia.