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Versículo:Anhelo y hasta desfallezco de deseo por entrar en los atrios del Señor. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente. Salmo 84:2.
Antonín Dvorak, con los hombros caídos, subió los escalones de su casa, ubicada cerca del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York. Al abrir la puerta, el suave olor a rollitos de repollo hervidos le trajo recuerdos, momentáneamente, de Nelahozeves, República Checa.
Cerró los ojos y, a través de la imaginación, vio nuevamente las áreas verdes de la aldea donde su padre, hombre jovial, tocaba la cítara mientras los niños y las niñas bailaban. Podía ver a su madre sudorosa, de finas mejillas, batiendo una olla de sopa de remolacha.
-Antonín, ¿estás bien? -le preguntó su esposa con preocupación en los ojos y el tono de la voz, mientras se acercaba-, ¿Sucedió algo malo en el Conservatorio?
-No -suspiró Antonín-, todo está bien allá. Será una escuela magnífica cuando esté terminada.
-Entonces ¿qué te sucede?¿Has estado en otra de tus largas caminatas? Antonín asintió con la cabeza.
-Fui a los muelles, y estuve observando los barcos que parten hacia Europa. De pronto surgió en mí el deseo de estar en uno de ellos, camino a casa.
-Sé a lo que te refieres -lo tranquilizó su esposa y le limpió una furtiva lágrima que le rodaba por la mejilla-. Añoro la quietud de nuestro hogar en el campo. La vida en este lugar es tan ruidosa y acelerada. Fui al mercado hoy, y cuánto deseé estar en el pequeño mercado de nuestro pueblecito de Nelahozeves.
-No falta mucho-dijo Antonín un poco más animado-. Pronto terminaré mi labor aquí y podremos regresar a casa.
Dvorak volcó toda su nostalgia en una sinfonía maestra que escribió en esta época, titulada “Del nuevo mundo". Su tema está basado en el canto spiritualnegro "Camino a casa".
Hay ocasiones en que me siento igual que Antonín Dvorak. Quiero ir a casa... a mi hogar celestial. Extraño tanto a papá y a mamá. Ellos han muerto, y no los podré ver de nuevo hasta que venga Jesús. Echo de menos las historias de mi abuelita y la risa contagiosa de mi abuelito. Quisiera hablar con mi ángel guardián, y tengo muchas preguntas que hacer a Jesús. Tengo ganas de vivir en mi mansión y recoger los frutos del árbol de la vida. Siento nostalgia por el cielo. ¿Y tú?
Abril 17