Hoy
El Mejor Abrazo del Mundo
Jóvenes · Del libro Inverso
Aunque mi padre y mi madre me dejaran, el Señor me recibirá (Salmo 27:10).
El estaba triste, cabizbajo; las lágrimas caían de su rostro y mojaban su ropa. Con la voz entrecortada, aquel joven dijo solo una frase: "Pastor, mis padres me abandonaron". Sentí en ese instante que las palabras humanas serían incapaces de consolarlo. Solo me quedó abrazarlo y, después de algunos segundos, citar Isaías 49:15, que dice: "¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, iyo no te olvidaré!" (NVI). Me di cuenta de que las palabras de Dios acariciaron su corazón y, de alguna manera, lo ampararon.
La vida deja marcas profundas en todos nosotros. Tal vez estés sufriendo ahora debido a un problema relacionado con tu cuerpo. Tal vez tu lucha sea cargar con el el trauma de haber sido abusado/a en la infancia por alguien de tu propia familia. Quizá lleves en el alma las cicatrices de un aborto, una violación o un abandono que desfiguran tu alegría de vivir. Jesús conoce tus dolores y sabe lo que estás pasando. Él también sufrió y fue objeto de desprecio. La Biblia lo llama "hombre de dolores", alguien "conocedor del dolor más profundo" (Isa. 53:3, NTV).
Mientras estuvo suspendido en la cruz, en medio de la angustia y del dolor, Cristo abrió los brazos para abrazar a todos los marginados por el pecado. Cada lágrima que derramamos es recogida por Dios en su redoma, y de esa manera aumentan los ríos y la marea de su gracia (Sal. 56:8). El corazón del Padre aún se conmueve al ver a sus hijos sufrir. Entonces, ino te desesperes! Confía en el Señor y pon en sus manos tus angustias personales.
Elena de White reproduce de manera sublime las amorosas palabras de Jesús: "He soportado vuestras tristezas, experimentado vuestras luchas y hecho frente a vuestras tentaciones. Conozco vuestras lágrimas; yo también he llorado. Conozco los pesares demasiado hondos para ser susurrados a ningún oído humano. No piensen que están solitarios y desamparados. Aunque en la Tierra vuestro dolor no toque cuerda sensible alguna en ningún corazón, mírenme a mí, y vivan" (El Deseado de todas las gentes, p. 447).
Si hoy sufres abandono, te invito a mirar a Jesús. De él recibirás paz, alivio y el mejor abrazo del mundo.