Devocionales Matutinos

Milagro en la Madrugada

Hoy

Jóvenes · Del libro Inverso

Versículo:

Aunque ande en el valle sombrío de la muerte, no temeré mal alguno porque tú estás conmigo (Salmo 23:4).

Cuando vivíamos en Río de Janeiro, Brasil, mi padre, Manoel, realizó una campaña de evangelización en la ciudad de Barra do Piraí, donde no había Iglesia Adventista. Entre los interesados había una señora que poseía un centro espiritista. Después de recibir varios estudios bíblicos, aquella mujer y su hija decidieron bautizarse.

Una semana antes del bautismo, Manoel fue a la casa de ellas para llenar las fichas bautismales. Después de ese momento, la señora pidió que él sacara de la casa todas las imágenes y las ofrendas a los demonios. Tras llenar varios sacos con aquellos objetos, los tiró en un lugar cercano a la casa.

Cinco días después, mi padre tuvo fiebre alta y vómitos constantes. Esa noche no pudo dormir. Una médica vino a nuestra casa, le recetó algunos medicamentos, pero no descubrió la causa de las reacciones. La fiebre persistió durante toda la semana. 

Cuando llegó el día del bautismo, otro pastor realizó la ceremonia en lugar de mi padre, pues la fiebre no bajaba y sentía muchos escalofríos. Al darse cuenta de la gravedad de la situación, la médica le aplicó una inyección y solicitó que fuera trasladado al Hospital Adventista Silvestre. Al llegar allí, constataron que tenía neumonía bilateral.

Desde el sábado por la noche hasta el miércoles, Manoel estuvo internado, luchando entre la vida y la muerte. En la madrugada del miércoles, sintió que las fuerzas se le iban. Desesperado, a las 3 de la madrugada, apretó el timbre para llamar a la enfermería. Cuando el enfermero apareció y lo miró, salió corriendo a llamar al médico de turno. Mientras tanto, mi padre suplicó a Dios que lo sanara. Si eso sucedía, dedicaría su vida aún más al Señor.

En ese instante, sintió un calor que subía desde la planta de los pies hacia las piernas y pasaba por todo su cuerpo hasta llegar a los pulmones. Luego, dio un fuerte estornudo y vomitó. En ese momento, sintió que algo había salido de sus pulmones.

Al examinarlo, el médico de turno constató que la respiración y los pulmones estaban normales. iDios había hecho un milagro en aquella madrugada! Días después, Manoel fue dado de alta del hospital. Sí, ivale la pena confiar en Aquel que jamás abandona a sus hijos ante los ataques del Enemigo! 

Devocionales del Jueves, 15 de octubre de 2026 ›