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Versículo:Entonces el hermano mayor se enojó y no quería entrar. Por eso, su padre salió y le rogaba que entrase. (Lucas 15:28)
La parábola del hijo pródigo (Luc. 15:11-32) se puede dividir en dos partes. La segunda inicia a partir del versículo 25, cuando el hijo mayor entra en escena. Sin embargo, aunque de manera discreta, él aparece en la narración desde el principio. La Biblia afirma que el padre "dividió sus bienes entre los dos" (vers. 12), lo que sugiere que el primogénito también recibió el valor de la herencia, pero omitió defender la causa del padre.
Me gusta llamar "prodigio" al hijo mayor porque era un joven irreprochable. Nunca había "salido" de la casa. Nunca había desobedecido a sus padres. Nunca había transgredido ningún mandamiento. Por el contrario, siempre había sido "perfecto" en todo. Pero, entonces, ¿cuál era su problema? Ninguno, aparentemente. Su carácter salió a la luz cuando el padre desbordó en misericordia por su hermano menor, al recibirlo de vuelta en la casa.
Lo que vemos a continuación es una paradoja. El hijo pródigo está dentro de la casa, y el hijo prodigio está fuera del hogar, molesto, inconforme y perdido. El padre, que no había salido a buscar al hijo menor, se encuentra ahora fuera de la casa, tratando de reconciliar nuevamente a su familia. Este cuadro ilustra el gran amor que Dios tiene por nosotros y su paciencia para rescatar a los hijos problemáticos.
En la iglesia, tenemos pródigos y prodigios. Los prodigios rara vez caen en cuenta. Desde su perspectiva, ya están en la casa del Padre, trabajando desde hace años como "sirvientes" (vers. 29) y, por eso, se creen merecedores de honores. Al igual que el hijo mayor de la historia, solo quieren los mimos del padre: el anillo, la ropa y el becerro engordado.
Tal vez tú seas ese joven perdido en la iglesia, amargado al ver fiestas cuando los pecadores se arrepienten. Sin embargo, debes saber que es mejor estar oliendo cerdos en los brazos de Dios que permanecer perfumado en la iglesia, pero lejos del Padre. iDios quiere salvarte, así como también desea salvar a los hijos pródigos! Con un brazo, el Señor envuelve a aquel que está lejos; y con el otro, abraza a aquel que está cerca. Recuerda que, en la iglesia o fuera de ella, tú y yo somos pecadores que necesitamos desesperadamente la gracia de Cristo, itodos los días!