
Opciones de lectura
Versículo:«¡Jamás diré mentiras ni pronunciaré palabras falsas!». Job 27:4
En los tiempos del Nuevo Testamento, era costumbre encadenar a prisioneros importantes o notorios. Esto lo vemos, por ejemplo, cuando Pedro estaba preso y Dios hizo un milagro para liberarlo. «De pronto se presentó un ángel del Señor, y la cárcel se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó, y le dijo: "¡Levántate en seguida!”. Al instante, las cadenas cayeron de las manos de Pedro» (Hechos 12:7). Como ves, a Pedro le habían puesto cadenas en las manos, para asegurarse de que no se escapara.
A veces nosotros mismos nos ponemos cadenas, aunque no en un sentido literal, sino figurado. Por ejemplo, cuando decimos mentiras, quedamos encadenados porque tenemos que seguir usando una cadena de mentiras para no ser descubiertos. Esas cadenas nos atan. Pero si confesamos nuestros errores a Jesús, él nos quita las cadenas, nos libera de lo que hemos hecho en el pasado porque nos perdona, y nos ayuda a recordar que la mentira no es buena. «¡Jamás diré mentiras ni pronunciaré palabras falsas!» (Job 27:4).
Desafío:Busca este versículo en tu Biblia y resáltalo con colores. Alrededor dibuja una cadena para recordarlo mejor.