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Versículo:«El Señor me persigue y me desgarra, me amenaza como una fiera, me clava los ojos cual si fuera mi enemigo» (Job 16:9).
¿Nos imaginamos a alguien que, molesto, vaya al Ministerio Público y levante una demanda contra Dios? Pues hubo quien hizo tal cosa: se llama Ernie Chambers, un senador estatal de Nebraska, Estados Unidos. El senador Chambers es conocido por su postura crítica hacia la religión organizada y se identifica como ateo.
En 2007, Chambers argumentó que Dios había causado «muertes, destrucción y terror» a lo largo de la historia humana. Dios causó desastres naturales como inundaciones, tornados, plagas y otros eventos catastróficos que, según él, provocan el sufrimiento humano. Chambers, conocido por sus críticas constantes a los cristianos y por no participar en las oraciones matutinas de la sesión legislativa, argumentó que, dado que Dios es omnipresente, podía ser demandado en cualquier lugar. Su objetivo era obtener una orden judicial que obligara a Dios a cesar sus «acciones destructivas y amenazas terroríficas».
El juez finalmente desestimó la demanda de Chambers, argumentando que no se podía notificar a Dios debido a la falta de una dirección física. Sin embargo, Chambers no se ofendió en absoluto. Su demanda judicial fue una forma de protesta y una crítica al sistema legal estadounidense, más que un ataque directo a la religión o a la fe. Utilizando un enfoque provocador y poco convencional, Chambers pretendía llamar la atención sobre la facilidad con la que se puede presentar demandas por cualquier motivo.
Otro que tuvo un serio interés de entrevistarse con Dios para quejarse de lo que percibía como injusticia en su contra fue Job. En Job 16, el patriarca dijo: «Dios ha acabado con mis fuerzas; me ha quitado todos mis amigos y me ha puesto en prisión. Ha levantado testimonios contra mí; contra mí ha presentado acusaciones falsas» (16: 7-8). Y en el texto de hoy, Job compara a Dios con una fiera que lo persigue y desgarra. ¿No es eso lo que muchos, como Chambers, piensan de Dios debido al dolor y a las calamidades que se viven en este mundo y que acaban atribuyéndole al Señor?
Job logra hablar con Dios y se da cuenta de algo crucial: «¿Quién soy yo para dudar de tu providencia, mostrando así mi ignorancia? Yo estaba hablando de cosas que no entiendo, cosas tan maravillosas que no las puedo comprender» (42: 3). Mucho de lo que ocurre en el mundo no lo entendemos, y Dios nos invita a confiar en él. Qué grato que pronto Dios se dará el tiempo de explicarnos todo y dejarnos satisfechos como lo hizo con Job.