Devocionales Matutinos

El Héroe que Ora

Menores · Del libro Heroes o Villanos

Versículo:

«La séptima vez el criado dijo: ¡Allá, subiendo del mar, se ve una nubecita del tamaño de una mano! Entonces Elías le dijo: "Ve y dile a Ahab que enganche su carro y se vaya antes que se lo impida la lluvia"» (1 Reyes 18:44)

Tal que parecía que el cielo se les caería encima. Apenas 

Tal como el pastor lo anticipaba, pronto empezó a llover, y con tal intensidad que parecía que el cielo se les caería encima. Apenas dio tiempo a cubrir las cosas que llevaban extendiendo unas lonas de plástico. Los lancheros pararon el motor, pues no era posible ver ni siquiera a diez metros de distancia.

-Pastor, vamos a orar -dijo el laico-. Dios puede sacarnos de esto si él quiere.

Ahí, debajo de la lona, el grupo le oró a Dios con todo fervor, pidiendo por su seguridad y por un cambio en el tempestuoso clima. Pero la tormenta no aminoraba; más bien parecía arreciar. Algunos ayudaron a retirar agua de la lancha para evitar hundirse. Esperaron un tiempo más con la expectativa de un escenario diferente, pero nada cambiaba.

-Hermanos, oremos otra vez -dijo el mismo laico.

Sus voces apenas podían escucharse debido al intenso ruido de la lluvia azotando la lona en la que estaban cubiertos. La lluvia seguía implacable y amenazaba con arrebatarles la vida. Pasó más tiempo, quién sabe cuánto, y la lluvia continuaba. La oscuridad era pavorosa.

-Oremos otra vez -dijo de nuevo el laico.

El pastor no quería orar. ¿Cómo remediar con oraciones algo que fue insensato desde el momento en que salieron del puerto? Pero no dijo nada; únicamente guardó silencio y dejó que otros se encargaran de la oración. Quizás alguna ola los aventaría al fondo del mar y para ponerle fin a sus vidas.

Tras la tercera sesión de oración vino una cuarta y luego una quinta. Aún la tormenta no dejaba ver nada alrededor suyo. Hasta después de la quinta sesión de oración se observó un claro en el horizonte. Los rostros de los tripulantes se iluminaron. Los lancheros pusieron en marcha el motor y apuntaron hacia el claro de luz. Minutos después, el cielo estaba tan claro como cuando habían salido del puerto de Milne Bay.

Dios le había dicho a Elías que ese día, tras consumirse el sacrificio con fuego del cielo, habría lluvia. Elías le aconsejó a Acab adelantarse, mientras que él subió al monte a orar. Siete veces oró Elías y siete veces su siervo miró al mar para confirmar si la tormenta se acercaba. La aparición de una sola nube bastó para tranquilizar al profeta. Esa es la fe que tú y yo necesitamos.

Devocionales del Viernes, 11 de septiembre de 2026 ›