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Versículo:«Entonces Jesús dijo: "Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos"» (Mateo 19: 14).
Cierto día, cuando Dennis Perry llegó a la Universidad Adventista del Pacífico, me presentó al encargado de Operation Food for Life para Papúa Nueva Guinea. Tuve el gusto de conocer a Philip Vaki, un sonriente papuano con un gran corazón.
Philip y su esposa Maureen han estado involucrados de manera activa y apasionada en proyectos de OFFL durante mucho tiempo. Esta feliz pareja es muy conocida y respetada en muchas áreas de la nación a la que sirven. No es raro ver a los líderes de OFFL acompañándolos en cualquier parte de Port Moresby sin que Philip o Maureen se detengan a hablar con alguien que conocen. La contribución que ambos hacen a través de OFFL sigue teniendo un impacto positivo en la vida de tantas personas menos afortunadas.
La contribución que Phillip, Maureen y su hija Jean hacen para ayudar a los pobres, olvidados y desfavorecidos es asombrosa. Sus esfuerzos y los de otros voluntarios dan esperanza, dignidad y aliento a numerosas vidas que han sido tocadas e inspiradas por ellos. Pero todo tiene un límite, hasta la generosidad. ¿O no?
Philip cuenta que cierta tarde llegaron tres niños de entre 12 y 13 años a la puerta de su casa. Estos niños vivían en las calles todos los días y dormían en el frío con hambre y evidente desnutrición. «Me preguntaron si podía acogerlos. Dije con desgana que no había más espacio. Lloraron y me suplicaron que los acogiera. En el fondo de mi corazón no pude decir que no», cuenta Philip.
Consciente de sus propias limitaciones, los llevó al Santuario para que fueran sus nuevos hijos, que es como trata a todos los niños. Allí, por primera vez, tuvieron algo que comer y una cama limpia en que dormir. Al día siguiente se despertaron muy temprano por primera vez para el devocional matutino. Más tarde en el día fueron a buscarles ropa nueva. «Uno nunca sabe; un día podrían convertirse en doctores, pilotos, ingenieros, contadores, etc.», dijo Philip sonriendo.
Philip y Maureen ven a los niños no solo como futuros profesionales, sino como herederos del reino de los cielos. Estos héroes no pudieron decir no a los tres niños por los que el propio Jesús dijo: «Porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos». Dejar ir a quienes tienen necesidad cuando tenemos forma de ayudarlos le causa gran dolor a Jesús. Sin duda no desearemos provocarle ese dolor al Maestro.