Hoy

El héroe que vive en paz

Menores · Del libro Heroes o Villanos

El héroe que vive en paz "Se tambaleaban como borrachos; ¡de nada les servía su pericia!" (Salmos 107: 27).

Después, la lluvia cesó, pero aún seguía estando muy oscuro. La energía del teléfono se había agotado y ahora no podría ubicarse en el tiempo. Sin la lluvia encima y rendido por la vigilia y el tremendo esfuerzo, Harold se echó al fondo de la lancha a dormir. Amaneció el nuevo día con un escenario tan bello como impresionante: el vasto océano estaba alrededor suyo, sin nada más al alcance de su vista que agua y cielo.

«¿Dónde estoy, Señor?», se preguntaba Harold. «Bueno, eso no importa mucho siempre que tú estés conmigo».

Entonces, se puso de pie dentro de la lancha y recorrió el interior con la mirada. La lluvia había dejado algunos pequeños pozuelos de agua dulce que le refrescaron la garganta. Juntó tanta agua como pudo en la lona que cubría sus pocas pertenencias dentro de la lancha. No era mucha, pero al menos bastaría para ese día. Saciada su sed, buscó su Biblia entre sus pertenencias debajo de la lona. Con el sagrado volumen en sus manos, dijo: «Santos ángeles, buenos días; Espíritu Santo, buenos días. Vamos a tener nuestro culto». Y empezó a cantar.

Tras una serie de alabanzas, Harold leyó su Biblia. Se adentró en la lectura por largo rato, quién sabe cuánto. Un pasaje lo llevó a otro y luego a otro. Pronto se vio afirmada su convicción de que no estaba solo. Ahí, a medio océano, el Dios de la Biblia, el Dios de los mares, estaba con él. Harold lo podía sentir. Alabó a Dios porque aún estaba con vida, aunque había muchas preguntas en su mente: «¿Y cuál es el plan, Señor? ¿Por qué me salvaste la vida? ¿Qué es lo que quieres que vea o que entienda? Dímelo, Padre; necesito saber tu propósito en todo esto».

El día dio paso a la tarde. Pronto la noche oscura volvería a reinar. Inexplicablemente, Harold no sentía hambre. No obstante, el calor del día lo hizo beber mucha agua, quizás más de la que hubiera querido tomar. Cuando el agua se acabara, ¿qué pasaría? «Jehová es mi Pastor; nada me faltará», se decía a sí mismo.

Tiempo más tarde, habiéndose hecho de noche, se dispuso a dormir. «Baste al día su afán, Señor. Mi vida sigue en tus manos. Sea hecha tu voluntad». Y se durmió, apenas cerró los ojos. Así duermen los héroes cuando confían en Dios.