Hoy

El héroe hambriento

Menores · Del libro Heroes o Villanos

» Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los sacó de la aflicción«» (Salmos 107: 28).

Amaneció el otro día, el tercero. El sol recién se asomaba en el horizonte. Era un sol que pronto convertiría el tranquilo pero oscuro mar en una infinita loza dorada. Se levantó de la lona que hacía de cobija para estirar su cuerpo a placer. Y dijo: «Buenos días, ángeles; buenos días, Espíritu Santo. Vamos a tener nuestro culto». Sentado en la base de la lancha con su Biblia en la mano, Harold fijó sus ojos en el sol, mientras cantaba Será al albor. Ese canto le llenó el corazón de esperanza.

Harold abrió su Biblia y se puso a leer. De nuevo, dejó que la lectura lo remolcara cuál benigna corriente hacia el pensamiento de lo sublime. Los minutos se extendían mientras pasaba las páginas una y otra vez en voraz lectura. Su fe seguía tan firme como el día anterior, aunque sus preguntas se aferraban tenazmente a su consciencia mientras oraba: «Padre, otro día comienza. Aquí estoy porque aquí me tienes. Gracias por el nuevo día, aunque no sé qué es lo que me depara, pero tú sí sabes, Señor, y eso me basta. Si es tu voluntad, muéstrame tu plan; hazme entender qué es lo que quieres y cómo puedo cooperar contigo. Esto te lo ruego en el nombre de Jesús, amén».

Nadie sabía lo que le había sucedido y, sin duda, estaban en espera de alguna noticia de su parte para poder tranquilizarse. Qué impotente se sentía en su condición de náufrago, totalmente desconectado del mundo y sin más medios de comunicación que la oración y su Biblia. Entonces, se fijó en algo. «Señor, ahora sí tengo hambre. Quiero comer algo. ¿Qué tienes tú para mí?».

Pensó en mirar de nuevo entre sus pertenencias para ver si había algo que comer. Harold sabía de sobra que no había traído consigo alimento alguno. Pero las crisis nos llevan a hacer cosas que desafían la razón. Sin encontrar nada, se levantó del piso de la lancha y miró al océano que lo rodeaba, cerca y lejos, como quien busca algo que no aparece. Su estómago protestaba por la falta de alimento. Con el hambre como predicamento, ahora sí que las cosas se pusieron más interesantes.