Cuando el héroe hace más preguntas

Menores · Del libro Heroes o Villanos

«Den gracias al Señor por su amor, ¡por lo que hace en favor de los hombres!» (Salmos 107: 31).

Como el patriarca Job, Harold examinaba su vida para encontrar alguna razón que les diera sentido a las circunstancias. Se le ocurrió que lo que hubiera hecho o algo que no hizo en su vida reciente o remota podría ofrecer la explicación que él tanto buscaba. Sus diálogos se volvieron argumentaciones y no faltó algún momento cuando se vio discutiendo con Dios.

Tras media semana a la deriva y con alimento apenas suficiente para mantener su vida, se sentía débil. Era temprano en la tarde después de su conversación con Dios, cuando decidió acostarse a dormir. Ahí, en el fondo de la angosta lancha y con los ojos cerrados, Harold le dijo a Dios: «Señor, estoy muy agotado; creo que ya no puedo más. Agradezco tu bondad en protegerme hasta aquí y darme esta experiencia de tu cuidado misericordioso, pero, Señor, ya no aguanto. Te confieso que ya no quiero estar aquí. Haz algo, por favor, Señor», y se durmió.

Horas más tarde, ese mismo día, el cuarto día de su naufragio, Harold despertó y se sentó en la lancha. «¡Vaya, aquí sigo, Señor! Por lo visto, tú así deseas que sean las cosas». Y siguió mirando hacia el mar, y haciéndose preguntas de todo tipo: introspectivas, prácticas y hasta desesperadas. ¿Qué hice para llegar hasta aquí? ¿Qué tan lejos estoy de la costa o de la ayuda? ¿Cuánto tiempo podré resistir sin comida y agua? ¿Habrá alguien buscándome? ¿Cómo me mantendré a salvo de los peligros del mar? ¿Qué puedo hacer para sobrevivir? ¿Qué me espera si no soy rescatado? ¿Volveré a ver a mi familia o amigos? ¿Hay un propósito en todo esto?

Estas preguntas reflejaban tanto la lucha interna como la necesidad de encontrar un sentido o un plan de acción en medio de esa situación tan extrema. Pero no podía encontrar ninguna de las cosas, excepto afligirse más. El ejercicio mental de autoexplorarse no le había traído ninguna conclusión satisfactoria. Sencillamente, estaba más allá de su capacidad entender por qué estaba viviendo esta experiencia. Confiando en que había un propósito en todo esto, como lo sugería el hecho de que aún tuviera vida y la forma milagrosa en que estaba siendo alimentado, decidió, entonces, dejar todo a un lado y enfocarse en lo que Dios fuera a hacer. Poco tiempo después, esa misma tarde y aun mirando hacia el mar, Harold descubrió lo que parecía una silueta muy a la distancia.