Hoy

El héroe en el barco de Dios

Menores · Del libro Heroes o Villanos

«El que es inteligente, debe tener esto en cuenta y comprender el amor del Señor» (Salmos 107: 43).

Harold durmió como piedra. Los rescatistas lo dejaron dormir hasta tarde en la mañana. Después de su devoción personal, se aseó y se vistió para ir a donde estaban los tripulantes filipinos.

-Hola, buenos días -saludó.

-Buenos días, Harold.

-¿Cuánto nos falta para atracar en China?

-¡Qué bueno que lo pregunta! Tan pronto nos levantamos de la cena y usted se fue a dormir, el capitán se comunicó con el alto mando y se tomó la decisión de dar la vuelta para regresar a Papúa Nueva Guinea. Usted tendría muchas complicaciones si llegara así nada más a China, así que hemos viajado toda la noche y lo que va del día. Pronto llegaremos a aguas nacionales y usted podrá desembarcar. ¿Qué le parece?

Harold no lo podía creer. Sin poder contener la alegría, dio un sonoro grito de júbilo y se arrojó a abrazar a sus amigos tripulantes. «¡A casa, vamos a casa!», les decía a filipinos y a chinos por igual. Los tripulantes reían junto con él. Esa tarde, el buque tanque que lo traía atracó en la isla Lihir, en la provincia de Nueva Irlanda. Debió haber navegado cerca de 5000 km desde donde recogió a Harold hasta donde lo dejó en tierra firme en poco más de un día. Una vez en Lihir, Harold consiguió un teléfono y le marcó a una de sus hijas que vivía en el país.

-Hija, quiero ir a visitar a tu hermana Miriam, pero no tengo para el pasaje de avión. ¿Puedes comprar un boleto para mí y yo te repongo el gasto después?

-Sí, papá; pero ¿qué pasa?

-Nada, hija. Luego te contaré. Iré a ver a Miriam y de ahí volaré a Dilou para volver a casa.

Al día siguiente, ya estaba en Port Moresby con Miriam. La familia nunca supo lo que ocurrió hasta que Harold les contó. Por su parte, los hermanos de Pak tampoco estaban tan preocupados. Para ellos, algo se le había atravesado a Harold que le impidió ir a Pak. Cuando les contó todo a sus familiares, ellos no lo creían. De no ser por lo bronceado de su piel y lo delgado de su complexión, no lo habrían creído posible.

-Papá, es que es imposible que el buque recorra toda esa distancia de un día para otro. Un buque de esos no viaja así de rápido; eso debe tomar varios días.

-Ah -dijo finalmente, es que se trataba del barco de Dios.