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Versículo:«Mi amado me dijo: "Levántate, amor mío; anda, cariño, vamos"» (Cantares 2: 10).
Unia no cabía de emoción. Después de haber sido rechazado y haber perdido toda esperanza con Julie, ahora veía grandes posibilidades. ¿Cómo podía ser eso? ¿O había entendido mal? Pero su asombro de veras no cabría en su confuso corazón cuando tras apenas unas dos horas de haberse separado, Julie regresó a buscarlo para decirle:
-Oye, ¿y por qué no comenzamos desde ahora nuestro noviazgo?
-Oh, fantástico -dijo Unia, quien apenas creía lo que estaba escuchando-. Dijiste que tenías novio, pero me alegra que ahora estoy en la lista de espera.
En efecto, Julie tenía un novio, pero no era adventista. En el rato que transcurrió entre su salida de la biblioteca tras la segunda conversación con Unia, había pensado que el encuentro con Unia tenía que venir de Dios y por eso rompió la relación con el otro joven. La familia de Julie estaba contenta de que ahora su novio no solo era adventista, sino que sería un pastor. Todo ese ciclo escolar Julie y Unia mantuvieron su relación. Después de graduarse, Unia fue a Lae a servir como pastor en la zona nororiental de Papúa Nueva Guinea. Entre tanto, Julie terminó la carrera de enfermería.
Transcurrieron dos años durante los cuales Unia sirvió en el ministerio en Lae. Esos años serían una prueba en sí misma para la relación. No obstante, el noviazgo siguió sólido y fortalecido, gracias al cimiento espiritual con el que ambos contaban. Para entonces, Julie ya había terminado su carrera y estaba trabajando como enfermera en la capital, Puerto Moresby, la cual está a escasos 25 kilómetros de la universidad.
Unia supo de una oportunidad de estudiar una maestría en UAP mediante una beca y Julie lo animó a concursar. En caso de que fuera aceptado, eso significaría que volverían a estar cerca el uno del otro. Y para su buena fortuna, el plan le fue concedido y las puertas se abrieron para que volviera a la universidad a estudiar. Fue durante ese primer año como estudiante de maestría que Unia y Julie decidieron que se casarían.
Aunque una cosa era que ellos quisieran casarse y otra que llegaran al altar. En el Pacífico Sur no reina la mentalidad occidental de que la pareja se maneja con autonomía y respecto de con quién casarse. Unia temblaba solo de pensar en viajar a la aldea de Julie, entrevistarse con sus padres, y pedir a la señorita. ¿Qué tal si los padres decían que no?