Devocionales Matutinos

El Héroe Recibe Hospitalidad

Hoy

Menores · Del libro Heroes o Villanos

Audios narrados con IA

Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.

Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.

Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.

Versículo:

«No se olviden de ser amables con los que lleguen a su casa, pues de esa manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles» (Hebreos 13:2).

Los padres de Julie escucharon a Unia con atención: «»Ahora me estoy llevando a su hija y solo Dios sabe lo que sucederá con nosotros, anunció. Después de valorarlo y orar como familia, decidieron apoyar el plan misionero y dejar ir a su hija. Ya con ese entendido, terminaron de prepararse y se fueron a Sepik. Unia creía que su misión era ayudar a la gente en la jungla de Sepik. Poco imaginaba que el plan de Dios era enseñarle a él cómo cuidar de su esposa en la jungla. Allá no habría familia ni los servicios más básicos. Unia habría de cuidar de Julie y ambos depender uno del otro porque no habría nadie más en quien confiar.

Unia y su esposa llegaron a Sepik, conocida como la provincia de la puesta de sol. Siendo la región más hacia el noroeste del país, las puestas de sol son ciertamente hermosas. Descendieron del bote de la Misión adventista y estuvieron mirando la puesta de sol mientras el bote se retiraba para continuar su recorrido.

Aunque el llamado era para Unia, hubo necesidad de que alguien se hiciera cargo de la salud de la comunidad porque no había ningún profesional ni centro de salud en muchos kilómetros a la redonda. Julie, quien era una enfermera con especialidad en partería, cayó como anillo al dedo y, pronto, su casa se volvería un dispensario médico en el que atendería de todo tipo de malestares.

«Pues, aquí estamos, mi amor; no sé qué te parece», le dijo Unia a su esposa. Las emociones eran muchas y no podían ni hablar; se quedaron callados los dos mirando al horizonte, el sol desaparecer. Pronto se haría de noche y era un lugar muy apartado, con pocos recursos y grandes necesidades. Unia pensaba qué haría ahora en ese lugar y cómo pasarían la noche sin conocer a nadie.

«¡Misionero!», gritaron unos niños que llegaron a la orilla del río sin que lo hubieran advertido. «Mi papá manda a decir que vengan con nosotros porque pasarán la noche en la casa», dijo uno de los niños, como si hubiera estado leyendo el pensamiento de Unia. Con una gran sonrisa de alivio, la pareja misionera tomó sus pocas pertenencias y fue con los niños hasta su casa. La joven pareja aprendería a conocer la hospitalidad de la gente de Sepik, y algo más.

Devocionales del Sábado, 17 de octubre de 2026 ›