
Audios narrados con IA
Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.
Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.
Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.
Opciones de lectura
Versículo:«Para Dios no hay nada imposible» (Lucas 1: 37).
Entonces, Julie se embarazó. A su debido tiempo, nació su primer bebé, un varoncito. Durante esos días que nació el bebé, hubo una inundación tan grande que el alimento escaseó. Todos experimentaron la falta de comida. Durante siete meses, la familia del misionero apenas comía calabaza una vez al día; no había más para comer. El bebé estaba muriendo de desnutrición porque Julie no tenía suficiente leche para alimentarlo.
Una solución para ayudar al bebé fue alimentarlo con agua de coco, pero tampoco había muchos cocos. Las familias de alrededor compartían los pocos cocos que podían dar a fin de salvar al bebé del misionero. La situación era desesperada porque tampoco podían salir de donde estaban para buscar alimentos debido a la terrible inundación. De nuevo, su fe estaba siendo probada.
En eso, se escuchó un motor. Por el sonido del motor no parecía ser una lancha para pasajeros. Los hombres de la comunidad salieron a asomarse para ver quién era. Resultaron ser unos hombres que andaban buscando combustible para su canoa porque se les estaba terminando. Viajaban de Sepik a Balimo, que está cerca de Indonesia; es un recorrido que toma por lo menos cuatro días. El combustible es escaso y caro porque es difícil de conseguir en esa zona tan apartada. Los pocos que viajan a Balimo van a hacer negocios por allá y pagan muy buen dinero para ir dado que el viaje es largo.
Se sabía que cerca de Indonesia se viven algunos conflictos, rumores de tráfico de armas y cosas así. Los hombres de la aldea veían desconfiadamente a los de la canoa; no parecían hombres honrados. Sin embargo, se animaron a preguntar:
-¿Llevan espacio en su canoa para otras personas?
-Sí, ¿por qué?”dijo el líder.
-Queremos que lleven a la familia del misionero -dijeron los de la comunidad.
-¿Misionero? ¿Cuál misionero? -preguntó el hombre de la lancha. -El misionero adventista que vive aquí en la aldea. Su bebé está muy enfermo.
-¡Adelante! ¡Que venga el misionero!
La canoa llegó hasta la casa de Unia y Julie y atracó a la orilla. El líder del grupo en canoa se acercó a la casa y gritó:
-¡Misionero! ¡Misionero!
-Hola, aquí estoy-dijo Unia desde adentro.
Al salir, cuál no sería su sorpresa al ver al chamán cuya esposa habían ayudado en aquel riesgoso trabajo de parto cuando recién llegaron.
-Tú salvaste a mi esposa de la muerte; ahora yo voy a salvar a tu hijo-dijo el hombre-. Tu Dios nos trajo hasta acá para salvarlo.