
Audios narrados con IA
Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.
Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.
Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.
Opciones de lectura
Versículo:«Ven, Señor, ¡salva mi vida!, ¡sálvame, por tu amor!» (Salmos 6:4).
Unia y Julie prepararon apresuradamente algunas cosas para el viaje. Para empeorar las cosas, Julie ya tenía otro embarazo. Los misioneros saltaron al interior de la canoa y comenzaron el largo viaje. Horas más tarde se hizo de noche y había que descansar. El grupo se detuvo en una orilla del río. Unia armó su pequeña carpa para que Julie y el bebé durmieran allí; él dormiría afuera. Al otro día, el viaje continuó y, cuando llegó de nuevo la noche, hicieron lo mismo.
La condición del bebé seguía siendo crítica; había perdido mucho peso y se lo veía débil. A medida que el recorrido avanzaba, el río se iba haciendo más estrecho y menos profundo. Las piedras se veían sobresalir de la superficie del agua, forzando a los hombres a bajarse de la canoa y cargarla en hombros por cierto tramo hasta encontrar suficiente profundidad para continuar. Así hicieron varias veces. «La canoa nos ha cargado a nosotros y ahora nos toca cargar a la canoa», bromeó Unia con su esposa.
Llegaron a un punto en el que no había más río, solo piedras y un estrecho camino. Llegó el momento de caminar. El camino era más bien un sendero que se introducía en la jungla. De ahí, serían días enteros hasta llegar al poblado más próximo. Aunque había varios hombres con el chamán en la canoa, su costumbre no era la de caminar ni cargar. Estaban acostumbrados a andar en el agua dejando que la canoa cargara con todo. Así que Unia y su esposa llevaban a cuestas sus cosas sin recibir ayuda de los otros.
La caminata fue larga y pesada. Cuando salieron de la lancha eran alrededor de las ocho de la mañana. Se detuvieron a descansar como a las cuatro de la tarde y se acostaron a dormir entre las once y las doce de la noche. La salud del niño no permitía que fueran a un ritmo más lento.
-¿Sabes, Julie? Ahora sí llegué al límite. Ya no tengo fuerzas para cargar y caminar como lo hemos hecho hasta ahora.
-Pero, ¿qué más podemos hacer? Tenemos que seguir adelante o el bebé morirá.
Esa noche, Unia oró al Señor: «Padre, ¡ya no puedo más! Por favor, ayúdanos; haz algo porque ya no tengo fuerzas. Además, estamos solos, Señor». De hecho, a esas alturas, Unia y su esposa quedaron atrás en el camino. El chamán y sus hombres iban más ligeros y los dejaron.