
Audios narrados con IA
Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.
Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.
Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.
Opciones de lectura
Versículo:«Sálvame, Dios mío, porque estoy a punto de ahogarme» (Salmos 69: 1).
Unas cuatro horas después de iniciado el recorrido, el todoterreno se detuvo en una pequeña aldea. Ahí, con una vara en la mano, estaba el padre del muchacho que había tomado el vehículo. Tan pronto se detuvo el vehículo, el muchacho abrió la puerta y salió corriendo, huyendo de su padre. El papá salió tras el muchacho y le gritaba: «¿Dónde andabas? ¿Adónde fuiste anoche sin mi permiso? ¿Por qué te llevaste el vehículo?». El chamán, el misionero y su esposa sí sabían a dónde habían ido los muchachos y por qué. Eso se lo explicaron al padre una vez que iban de camino. Les tomó todo ese día llegar a Balimo y, de no haber sido por el todoterreno, el niño hubiera muerto en el trayecto.
Finalmente, llegaron a Balimo. El chamán fue y buscó a algunos conocidos para que acomodaran al misionero. La casa resultó ser de unos creyentes adventistas, quienes los atendieron, les dieron alimento, los ayudaron a cruzar la frontera hacia Indonesia y luego los llevaron a ver al médico. El chamán hizo sus negocios y regresó a casa por su camino. Cuando la criatura estuvo mejor y llegó el momento de regresar, la familia anfitriona decidió obsequiarles boletos para regresar a Sepik por barco. Ahora el recorrido sería por el mar y así ya no tendrían que caminar ni viajar por canoa en el río como habían hecho antes.
Con gran alivio, Unia y su familia llegaron a Sepik y buscaron las oficinas de la Misión adventista. Ahí había habitaciones donde podrían pasar la noche. Cuando llegaron a la Misión, les informaron que sí había espacio, pero que el hospedaje tendría un costo que, a esas alturas, ellos no podrían pagar. Con tristeza, salieron de la oficina de la Misión; de nuevo no sabían qué hacer. Entonces, pasó por ahí el que era el pastor del distrito, quien los llevó consigo y los acomodó en la casa pastoral.
Sin embargo, tras el recorrido en barco, el bebé se empezó a poner mal de salud otra vez. Perdía fluidos de una manera espantosa. Los misioneros estaban desechos. Sus oraciones parecían no tener mayor efecto en la salud del bebé. Julie salió de la casa a llorar impotente debajo de un árbol. Unia cargó al bebé y vino a donde estaba su esposa. «Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes lo que este bebé necesita. Sánalo, Señor; responde a la oración, por favor», oró Unia con el corazón partido.