Devocionales Matutinos

Cuando el Héroe Se Vuelve Partero

Hoy

Menores · Del libro Heroes o Villanos

Audios narrados con IA

Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.

Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.

Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.

Versículo:

«Después se fueron de Betel; pero todavía estaban un poco lejos de Efrata cuando Raquel dio a luz, y tuvo un parto muy difícil» (Génesis 35: 16).

Los lugareños del río Sepik creen que, cuando una mujer está por dar luz, los hombres no deben acercarse; las mujeres se encargan de todo. Los hombres pierden su virilidad si presencian un parto. Ninguno de los curanderos quería arriesgar tan valiosa cualidad masculina atendiendo a la mujer en parto, pero el misionero era diferente. Quizás a él no le ocurriría nada; eso era lo que pensaban.

«¡Está bien!», atinó a decir Unia. «Van a hacer lo que yo les diga. Primero, enciendan una fogata». Y la gente obedeció. Era tiempo de inundación y no había mucha leña. Cortaron palmas de coco que pudieran usar adicionalmente a la leña que tenían. El inmenso fuego iluminaba los rostros de todos. El misionero se vio solo, rodeado de un grupo de mujeres.

«Ahora, tráiganme un machete filoso». Es el que usaría para cortar el cordón umbilical de la criatura cuando naciera. Sudaba por la preocupación y en su mente le oraba al Señor: «Padre, ayúdame. Yo no sé qué hacer. Tienes que ayudarme a salvar a la madre y al bebé».

Acostaron a la madre en la misma canoa donde viajaba Unia y, entonces, el bebé salió. Salió tan de repente que, cuando le puso las manos para recibirlo, el bebé se le resbaló y fue a dar al piso de la canoa. La criatura estaba bañada en sangre y Unia, que no estaba acostumbrado a esto, sentía que se iba a desmayar. Pero no podía desmayarse porque había que atender al bebé. El que recibió en el fondo de la canoa hizo que el bebé diera un alarido que indicaba que estaba con vida.

Unia cortó el cordón umbilical donde creyó que debía hacerlo y le hizo un nudo al pedazo de cordón que quedó con hilo que le trajeron las mujeres. Después lo limpiaron y lo cubrieron. Pero se olvidaron de la madre, quien durante todo ese tiempo estuvo sangrando. Pasaron por alto asegurarse de que saliera la placenta. La falta de iluminación también influyó en que no advirtieran el sangrado.

Pero Dios, en su misericordia, estuvo ahí y, pese a la ignorancia en el tratamiento del parto, la mujer sobrevivió. La criatura recién nacida era una niña y también se desarrolló bien. Los padres decidieron llamar a la bebé Julie.

Devocionales del Miércoles, 28 de octubre de 2026 ›