Devocionales Matutinos

Ya Te Conocía

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

Antes de formarte yo en el vientre, ya te conocía; antes de que salieras de las entrañas maternas, te consagré profeta y te destiné a las naciones, Jeremías 1: 5.

A JEREMÍAS LO ACUSARON DE TRACIÓN POLÍTICA. Lo juzgaron, sentenciaron y encarcelaron por sus palabras. ¿Qué había pensado Dios antes de formar a Jeremías en el vientre de su madre? ¿Qué pensó antes de formarme a mí en el vientre de mi mamá? Esas preguntas me acosaron durante años, hasta que me di cuenta de que yo no era la razón principal. Nunca lo ha sido. La razón principal es dar gloria al nombre de Dios.

Sobreviví al abuso infantil sexual, mental, físico y social desde que tenía seis años. Durante muchos años no pude comprender cómo Dios podía permitir que sufriera tanto. Me habían enseñado que Cristo me amaba, ¿dónde estaba su amor? Ahora sé que en todo ese infortunio, Dios realmente sostenía mi vida con su mano. Durante 23 años viví en un estado mental vago, perdido en heroína, cocaína, alcohol y cualquier otra cosa que encontrara.

La Biblia dice: «Uno de los ancianos me preguntó: “¿Quiénes son y de dónde han venido estos de las túnicas blancas?”» (Apocalipsis 7: 13). Me gusta imaginar que algunos de «esos», son personas a quienes Cristo libró del terrible dolor que causan los abusivos ataques de Satanás. Cuando pienso cómo Dios ha hecho cumplir su voluntad en mi vida para enseñar, guiar, amar, hablar, escuchar, advertir, vestir, alimentar y visitar a sus hijos, puedo ver que se unen pequeñas piezas del rompecabezas espiritual. Me fortalezco cada vez que Dios me usa para tocar una vida.

Con frecuencia recuerdo que Pablo afirmó a los corintios que nuestras penalidades producirán una riqueza incalculable de gloria (2 Corintios 4: 17). Por ende, se alegraba en la enfermedad, los reproches, las carencias y la persecución, en nombre de Cristo (2 Corintios 2: 10).

No presumo de tener todas las respuestas; pero sí sé que los pensamientos que Dios tuvo antes de formarme en el vientre de mi madre, fueron de bendiciones y bondad. Sus pensamientos no son los nuestros, sus caminos tampoco, pero nos hizo una promesa: «A cambio de su vergüenza doblada, hecha de ultrajes y de oprobio, poseerán doble recompensa en su tierra, serán felices para siempre» (Isaías 61: 7). Solamente Dios recibirá da gloria.

Cereatha J. Vaughn

Devocionales del Martes, 1 de agosto de 2017 ›