Devocionales Matutinos

¡Calla y Escucha!

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

Los cielos proclaman la grandeza del Señor, el firmamento pregona la obra de sus manos; el día al día comunica su mensaje, la noche a la noche anuncia la noticia, Salmos 19: 1, 2.

ERA LA PUESTA DEL SOL DEL VIERNES. Desde el balcón oriental de nuestro crucero podíamos ver el inusualmente tranquilo océano Atlántico y más allá, el horizonte sin fin. Entonces la vimos. Sobre las gentiles olas, cerca del sol rojizo, una formación de nubes que parecían alas de paloma. Sus patas parecían retraídas y su cabeza gacha, como si iniciara el descenso. Parecía ser una bendición al sábado y nuestra alabanza, de parte del Creador. Mi esposo se apresuró a tomar un video del momento, pero yo no pude moverme, por miedo a que la paloma desapareciera. Aun cuando cantábamos para recibir el sábado, mis ojos siguieron fijos en el cielo rojizo del atardecer y la paloma de nubes que seguía flotando.

«Los cielos proclaman la grandeza del Señor», un Dios que parecía haber montado una exhibición aérea para dos de sus hijos en medio del Atlántico. Aunque estábamos en un barco en que viajaban miles de pasajeros, me pregunto si alguno había visto lo mismo que nosotros. «Los cielos proclaman», señala el salmista, pero si no hubiéramos mirado y escuchado en ese momento, nos habríamos perdido una revelación espectacular de la gloria divina.

Pienso en las maravillas celestiales que pasamos por alto cada día cuando salimos aprisa de nuestras casas sin haber orado siquiera. Luchamos contra el tráfico, contendemos con las presiones normales del trabajo, luego volvemos a casa para pagar cuentas y preparar la cena, todas las cosas que nos obligan a bajar la mirada. Quizá solamente veamos baches en las calles, que el auto necesita una lavada, ropa sucia que pide atención a gritos.

Ni siquiera la belleza que nos rodea se puede comparar. Una mansión en la cima de una colina con lujosos pisos de madera tiene su encanto, así como la nueva cocina integral con brillantes azulejos. Pero en comparación con la gloria que revelan los tranquilos cielos de Dios, ¡qué insignificante es todo eso!

Así que te invito a darte un respiro. Sal si puedes. Los cielos hablan; con frecuencia mediante rayos y truenos, a veces con luz de luna plateada, otras con estrellas titilantes. Si levantas la vista, si prestas atención, podrías escuchar y ver la gloria de Dios. Jamás volverás a ser la misma.

Annette Walwyn Michael

Devocionales del Miércoles, 2 de agosto de 2017 ›