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Versículo:Sean, en cambio, bondadosos y compasivos los unos con los otros, Efesios 4: 32. Manzana de oro engastada en plata, una palabra dicha a tiempo, Proverbios 25: 11.
¿Alguna vez has visto el especial de TV de Charlie Brown que trata del minúsculo arbolito que elige para decorar en Navidad? Quizá sentiste lástima por Charlie cuando sus amigos se burlaron de él y su árbol con tanta crueldad. Felizmente, sus amigos al final lo ayudan a reforzar el árbol y arreglarlo.
Mi experiencia de árbol navideño de Charlie Brown sucedió cuando estaba en segundo de secundaria. Había prometido conseguir un árbol de Navidad para nuestra escuela de dos habitaciones. Como vivía en departamento, pensé que un árbol pequeño de mesa sería apropiado. Cuando todos vieron lo que había comprado, la mayoría se ofendió, «¿A eso le llamas “árbol"?» Uno de los alumnos de primero ofreció traer un árbol mucho más grande al día siguiente.
Decepcionada y avergonzada, hablé con nuestra maestra, la Señorita Fisch.
-Me lo llevaré otra vez a mi casa y lo pondremos en nuestra sala.
-Por favor déjalo -aconsejó la maestra Fisch-. Veamos primero cómo será el árbol de Allan.
Al día siguiente, Alan llevó un árbol de tres metros. «¡Qué bonito!», dijeron todos al unísono. Luego vieron que el árbol tenía un segmento muy grande que no tenía ramas o puntas. «¡Qué mal! ¿No pudiste conseguir uno mejor?», se quejaron.
-Disculpen. Lo intenté. Pero ya habían elegido todos los árboles buenos y este es el que pude conseguir -se disculpó Allan.
Las ideas fueron desde deshacernos del árbol hasta conseguir otro, o ponerlo en el rincón y que no se viera la parte fea. Allan estaba muy sonrojado.
A veces se necesita la sabiduría de Salomón para calmar a un salón lleno de niños enfadados. La maestra Fisch escuchó con paciencia.
-¿Por qué no usamos lo que ya tenemos? El de Bonnie queda justo para llenar el espacio vacío del de Allan si los sujetamos con alambre.
Después de que estuvo decorado y colocamos los regalos debajo, el árbol mezclado se veía muy lindo. Todos nos alegramos de la solución de la maestra. ¿Siempre somos amables y consideradas con los demás? Si no, Dios puede ayudarnos a remediarlo.
Bonnie Moyers