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Versículo:Al ver la estrella, se llenaron de alegría. Entraron entonces en la casa, vieron al niño con su madre María y, cayendo de rodillas, lo adoraron. Sacaron luego los tesoros que llevaban consigo y le ofrecieron oro, incienso y mirra, Mateo 2: 10, 11.
CUANDO MIS HIJOS eran pequeños, nos mudamos frente a dos hermanos que vivían solos. De vez en cuando hablaba con uno de ellos. Siempre fueron amigables y abiertos, pero muy reservados. Me sorprendí un invierno cuando uno de ellos fue a entregarme un árbol de Navidad artificial, completamente decorado, de casi metro y medio de altura, para que mi iglesia lo regalara a cualquier familia necesitada. Me complació que me asociaran con una iglesia generosa y me encantó el árbol. Pregunté y encontré una amiga que trabajaba con familias pobres. Sabía de una que le parecía candidata ideal para el árbol. Se lo di con todas su decoraciones y ella lo llevó a esa familia. La madre y los hijos se alegraron mucho de tener un árbol de Navidad, pues no habían tenido uno desde hacía años. Sin embargo, al esposo no le agradó mucho cuando llegó aquella tarde. Dijo que no aceptaría tener el árbol en su casa. Estuvo ahí unos cuantos días, antes de que mi amiga fuera a recogerlo para regalarlo a otra familia.
La segunda familia aceptó el árbol con gran alegría. El árbol encontró un hogar muy feliz, cuyos miembros se regocijaban de tener un brillante árbol para celebrar la Navidad.
Unos días después, mi amiga emocionada me contó el resto de la historia del árbol Navideño regalado dos veces. El padre de la primera familia en secreto disfrutó tener el árbol en su casa unos cuantos días y cuando ya no lo tuvo, habló con su esposa y le dijo que quería conseguir un árbol de Navidad. La familia entera salió y compró uno pequeño y algunas decoraciones.
La segunda familia disfrutó el árbol original como propio, así que ese regalo dado dos veces llevó alegría y bendiciones a ambas familias. Cuando conté la historia del árbol regalado dos veces a mis vecinos, se quedaron encantados de que su regalo hubiera sido causa de felicidad para dos familias.
Lo que he disfrutado más de ese árbol de Navidad, dos veces regalado, es que un regalo dado con amores una bendición. Aunque ese regalo no lo acepten, la semilla del amor está plantada y Dios puede producir muchas bendiciones del mismo acto.
Marilyn Riley