Devocionales Matutinos

Sin Lugar en la Posada

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

María dio a luz a su primogénito; lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón, Lucas 2: 7.

REGRESÁBAMOS DE UCRANIA a nuestro hogar. Habíamos cruzado la frontera con Polonia y queríamos encontrar un hotel, para que llegáramos fácilmente al aeropuerto a la mañana siguiente. Nos detuvimos en uno cuyo estacionamiento estaba bien lleno, pero el joven amigo que nos servía de chofer decidió preguntar si había cuartos disponibles. Tenían uno, pero necesitábamos más. En el siguiente hotel, el estacionamiento estaba repleto y ese día se celebraba una boda. No tenían habitaciones para nosotros. Volvimos al camino.

El primer fin de semana de agosto debió ser una buena fecha para casarse, porque los siguientes cuatro hoteles estuvieron reservados para bodas. Ya era tarde y empezábamos a ponernos nerviosos. Llegamos a otro hotel para boda. Sí tenía cuartos disponibles. La fiesta hacía mucho escándalo pero pensamos que podríamos dormir un poco, pues estábamos muy cansados. Al sacar nuestro equipaje del auto, la orquesta comenzó a tocar otra vez con mucha fuerza tras un descanso. Eso nos convenció de que no podríamos pegar el ojo en toda la noche y volvimos aguardar nuestro equipaje.

Nos desanimamos. Me pregunté cómo sería que cuatro personas pasaran la noche en el automóvil. Pensamos en José y María en Belén, que fueron de una posada a la otra para conseguir una habitación. ¡Al menos no llevábamos a una mujer embarazada! Al final encontramos un hotel tranquilo y nos acostamos de inmediato. Hasta la mañana siguiente notamos el mal estado de los colchones. Pero habíamos encontrado cama y techo.

José y María, al final, también encontraron un lugar donde quedarse. El establo era ciertamente incómodo, pero probablemente tampoco habrían podido dormir. Como era su primer bebé, María debió entrar en labor de parto mucho antes de que encontraran refugio para la noche. Esa noche, cuando el Salvador del mundo nació para que fuera posible nuestra redención.

¿Tenemos espacio en nuestras vidas para el Salvador, o lo dejamos fuera de nuestras puertas, como los posaderos de Belén? Jesús pide que lo dejemos entrar: «¿No ves que estoy llamando a la puerta? Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré en su compañía» (Apocalipsis 3:20). Déjalo pasar. Hazle un espacio en tu vida.

Hannele Ottschofski

Devocionales del Lunes, 25 de diciembre de 2017 ›