Devocionales Matutinos

Su Brillante Rostro

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

¡Que el Señor te bendiga y te proteja! ¡Que el Señor te mire con benevolencia y tenga misericordia de ti! ¡Que el Señor te mire favorablemente y te colme de paz! Números 6: 24-26.

«¡LUCES, CAMARA, ACCIÓN!» Las cámaras rodaron mientras confiada, expresé mis conceptos del pensamiento positivo con viveza y entusiasmo. Entonces me interrumpieron las palabras del director.

—¡Corten! ¡Le brilla la cara!

Los maquillistas entraron rápidamente al plató, me empolvaron y limpiaron el rostro para quitarme el brillo. Aprendí que un rostro brillante no es un buen atributo cuando estás frente a una cámara.

Sentada en la iglesia la víspera de Año Nuevo, inspirada por el sermón de mi pastor favorito, el concepto de un rostro brillante adquirió un sentido nuevo y positivo. Al concluir, el pastor nos retó a tener el mismo deseo que Moisés proclamó al pueblo de Israel y nos animó a «que hagamos brillar el rostro de Dios». Tardé unos momentos en comprender la enormidad de ese desafío. Darme cuenta de que el rostro de Dios siempre estaba posado en mí, no fue muy agradable. Lo peor es que brillaba sobre mí, iluminaba mi ser.

Es bueno tener la atención ininterrumpida de Dios cuando necesitas su provisión, protección y asistencia. ¿Y en los momentos de «nada»? Estar varias veces frente a la cámara me hizo muy consciente de cuánto debemos cuidar nuestro comportamiento cuando las luces están sobre nosotras. En esas ocasiones necesitas proyectar tus mejores palabras, acciones y compostura.

Sin embargo, con Dios las luces nunca se apagan. No hay tiempo fuera. Ahí yace el reto: ¿Podemos mostrar nuestro mejor comportamiento constantemente? El desafío aumenta cuando recuerdo que ni siquiera nuestros pensamientos le son ocultos a Dios. «Reconoce al Dios de tu padre y sírvelo de forma exclusiva y generosa, pues él sondea todos los corazones y penetra en todas las intenciones» (1 Crónicas 28:9). No importa tanto lo que haga públicamente como lo que soy por dentro. Casi me dejé llevar por la desesperación hasta que recordé la última parte del deseo: «¡Que el Señor te mire favorablemente y te colme de paz!».

Cuando afrontemos un nuevo año con sus retos, digamos confiadamente: «Luces, cámara, acción. ¡Que comience el espectáculo!».

Patrice Williams Gordon

Devocionales del Domingo, 31 de diciembre de 2017 ›