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Versículo:Así que Jilquías el sacerdote, Ajicán, Acbor, Safán y Asaías fueron a consultar a la profetisa Huldá, que vivia en el barrio nuevo de Jerusalén. Hulda era la esposa de Salún, el encargado del vestuario, quien era hijo de Ticvá y nieto de Jarjás (2 Reyes 22:14).
El pueblo de Judá fue liderado por varios reyes cuyo corazón estaba or corrompido. Manasés, uno de ellos, quemó a su hijo en sacrifico y buscó el consejo de médiums y hechiceros, provocando la decadencia espiritual de la nación.
Años después, su nieto Josías subió al trono con ocho años de edad. A los dieciséis años, propuso en su corazón usar su posición para honrar el nombre de Dios y su Ley. Con veinte años, ordenó que se destruyeran las imágenes de adoración y que se quemaran los huesos de los sacerdotes paganos. En seguida, comenzó a reparar el Templo.
Pero el rey no tenía acceso al libro de la Ley con los estatutos escritos por Moisés, exhortaciones y advertencias. Su abuelo Manasés lo había descuidado y el precioso volumen se había perdido.
Durante la reforma del Templo, el libro fue encontrado. Mientras el escriba le leía el libro de la Ley al rey, este quedó profundamente impresionado. Comprendió no solo el propósito de Dios de salvar a su pueblo, sino también las consecuencias por la insensatez de los que desobedecieran.
El rey escuchó las palabras del libro y vio la urgente necesidad de una reforma espiritual en el reino. Al pensar en la posibilidad de que el pueblo hubiera traspasado los límites de la misericordia divina, quedó oprimido y se postró ante Dios.
En aquella época, vivía cerca del tempo de Jerusalén una profetisa de Dios llamada Huldá. Aun cuando el rey tenía consejeros y sabios, la urgencia de la situación y el respeto que tenía por la profetisa lo llevaron a buscar sus consejos.
Ella le transmitió al rey el mensaje que había recibido de Dios. Entonces, el rey propuso al pueblo una reforma profunda.
¿Por qué el rey la eligió? Huldá era verdaderamente una mujer de Dios. No solo profesaba ser de Dios, sino que vivía lo que predicaba. Eso despertó en el rey respeto y confianza. Y, en un momento crucial de su reinado, marcó toda la diferencia. (3)
¿Qué ven las personas en nosotras cuando enfrentan crisis? Quizás no estemos en una posición de liderazgo, pero nuestro ejemplo de vida con Dios puede ser determinante para influenciar a líderes en momentos oportunos. Que el ejemplo de Huldá te inspire a marcar la diferencia cuando surja la necesidad.