Hoy
¿A Quién Es Mejor Servir?
Mujeres · Del libro Sublime Belleza
Sí dejaré que los someta a su dominio, para que aprendan la diferencia que hay entre servirme a mí y servir a los reyes de otros países (2 Crónicas 12:8).
Roboam, hijo de Salomón, comenzó su reinado de manera desastrosa: ignoró el consejo de los sabios y acató los consejos de los insensatos muchachos que habían crecido con él. El pueblo se rebeló, el reino fue dividido, y permanecieron solo dos tribus con Roboam.
Preocupado con las consecuencias de sus decisiones, el rey envió a un embajador para negociar con el pueblo, pero este casi fue asesinado a pedradas. Entonces, el rey juntó sus hombres para hacer guerra contra el pueblo que se había rebelado. Pero Dios le envió un mensaje: "No vayan a luchar contra sus hermanos, los israelitas".
El rey reconoció su error y la autoridad divina. Durante tres años se empeñó fielmente en su trabajo, y las dos tribus que le quedaron lograron prosperar.
Pero, después de tres años perdió de vista su sumisión a Dios y condujo al pueblo a la explicita idolatría. Dios retiró su protección. El rey de Egipto invadió Israel y tomó las ciudades fuertes.
El pueblo se humilló, clamó a Dios y fue preservado de la destrucción, pero no de la esclavitud, para que percibieran la diferencia entre ser siervos de Dios y siervos de los reinos de la tierra.
Cuántas veces dejamos de escuchar la voz de Dios mientras insiste repetidamente con nosotros en circunstancias favorables. Y, percibiendo que ignoramos su llamado, para salvarnos de nosotras mismas, permite que experimentemos las amargas consecuencias de volvernos esclavas de nuestra propia voluntad.
¿Ya experimentaste las consecuencias de dejar la voluntad de Dios en un segundo plano? ¿Cuál fue el resultado? ¿Te arrepentiste? ¿Te sentiste presa de las circunstancias? ¿Te rebelaste contra Dios? ¿O reconociste que habías elegido hacer tu propia voluntad de manera deliberada, aun sabiendo que era contraria a lo que a Dios le hubiera gustado que hicieras?
Si reconociste tu error, ten la seguridad de que fue el amoroso toque del Espíritu Santo llamándote a vivir conforme a la voluntad de Dios.
¡Que el Espíritu Santo te capacite para elegir siempre la voluntad divina! Si, por casualidad, pusiste tu sabiduría por encima de la divina, y, luego -como el pueblo de Judá, esclavizada por las consecuencias de tus malas decisiones-, percibes a tiempo tu autosuficiencia, ¡corre a los pies del Señor para vivir conforme a los grandiosos planes que tiene para ti!