Hoy

El Tesoro Escondido

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo (Mateo 13:44).

Las Montañas de la Superstición son una cadena de montañas ubicadas en el área metropolitana de Phoenix, capital de Arizona.

Esas montañas fueron el origen de muchas leyendas acerca de tesoros escondidos. Quizá la más famosa sea la historia de la mina de oro perdida del alemán. De acuerdo con ella, existe una mina de oro en el sudoeste estadounidense, y muchos creen que es en esas montañas. Pero hay decenas de versiones diferentes de esa historia.

El nombre de esa leyenda se originó por un inmigrante alemán llamado Jacob Waltz. Dicen que descubrió la mina en el siglo XIX y que nunca reveló la ubicación.

Muchos afirman que esa mina es solo una leyenda. Otros dicen que existe, pero que está maldecida o protegida por guardias misteriosos. Una de las variaciones de esta historia dice que los indios apache decían tener una gran mina de oro en aquellas montañas. La familia de un hombre llamado Miguel Peralta descubrió el lugar y comenzó a extraer el oro hasta que fueron atacados por indios nativos en 1850. Años más tarde, un médico, el doctor Thorne, cuidó a un apache herido y fue recompensado con un viaje hasta la mina, con los ojos vendados. Cuando llegó allí, fue autorizado a tomar cuanto oro pudiera cargar, antes de ser llevado nuevamente a su casa. Pero al intentar regresar al lugar de la mina, no la encontró.

De acuerdo con estimativas, en el siglo pasado, aproximadamente ocho mil personas buscaron ese oro cada año.

Jesse Capen, de 35 años, desapareció en el 2009 y su cuerpo fue encontrado tres años después. Su madre contó que Jesse había leído más de cien libros acerca del tesoro de las Montañas de la Superstición, y había usado su tiempo libre para programar esa aventura que terminó en tragedia.

Hay otro tesoro que necesitamos buscar: la salvación. Aun cuando algunos insistan en no creer, y otros crean pero no le den el debido valor, ese tesoro no está basado en leyendas, sino en la Palabra de Dios, que no falla.

Ese tesoro precioso no le pertenece solo a la primera persona que lo encuentre. La verdad es que todos los que lo busquen lo encontrarán. La mina es la Palabra de Dios, y el tesoro encontrado allí no tiene precio estimado, pues su valor es la sangre del Hijo de Dios.

¿Cuánto has invertido en encontrar ese tesoro y qué has hecho para contarle a otras personas acerca de él?