Hoy

Perspectiva Humana o Perspectiva Divina

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

En la Ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? (Juan 8:5)

En cierta ocasión unos hombres llevaron a una mujer adúltera a Jesús. Ese comité de maestros de la ley y fariseos citaron la ley de Moisés, según la cual la persona encontrada en adulterio debía morir. Desde el punto de vista humano, los líderes estaban en lo correcto. Su apariencia de piedad le daba legitimidad a la acusación.

Pero esos pretendidos guardias de la justicia eran hipócritas, y su reverencia era fingida. Odiaban a Jesús y habían inducido a la víctima al pecado para armar una trampa. ¿Dónde estaba el compañero de la mujer? La ley decía que ambos debían ser apedreados hasta la muerte.

Jesús hizo silencio. Ansiosos e impacientes, lo provocaban en vano hasta que percibieron que escribía en el polvo. De pronto, las acusaciones se silenciaron. Fijando los ojos en aquellos hombres, Jesús dijo con autoridad: "Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" (v. 7).

La mujer, humillada, no osaba levantar los ojos. Solo esperaba en silencio. Incrédula, vio a sus acusadores saliendo uno a uno, mudos, y escuchó: "Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar" (v. 11). Llena de gratitud, se lanzó a los pies de Jesús sollozando, confesando con lágrimas sus pecados.

Este encuentro con el Salvador marcó en ella el inicio de una nueva, pura y devota vida al servicio de Dios. Se transformó en una de las más dedicadas seguidoras hasta la cruz.

Mientras los maestros de la ley actuaban conforme a la perspectiva humana, Jesús actuaba conforme a su más elevada perspectiva. La ley ordenaba apedrear, pero Jesús mostró la importancia de abandonar el pecado y no condenar al prójimo. Los líderes religiosos, legalistas comprobados, habían definido una perspectiva muy baja para el cumplimiento de la ley: ignorar los propios pecados y mirar los pecados ajenos con una lupa. En la perspectiva de Cristo, no cuentan solo las obras, sino los pensamientos y también los deseos. Jesús no dijo que la mujer no había pecado, ni omitió su falta. En lugar de eso, incluyó a sus acusadores en el grupo de pecadores y ofreció perdón a todos.

¿Crees en la justicia y en la bondad divinas? Si es así, acéptalas y ofrécelas a quienes también las necesitan.