Hoy

Memoria Egoista

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

¡Tengan cuidado! Presten atención y no olviden las cosas que han visto sus ojos ni las aparten de sus corazones mientras vivan. Cuéntenselas a sus hijos y a sus nietos (Deuteronomio 4:9).

Tienes recuerdos ricos en detalles y otros confusos y olvidados? Eso está relacionado con el concepto de memoria selectiva, por la cual no recordamos todo exactamente de la misma manera. Recordar u olvidar puede ser algo selectivo.

Recordaremos aquello que fue relevante y captado completamente por nuestros sentidos. O sea, mientras mejores hayan sido nuestros niveles de atención y percepción cuando determinadas cosas pasaron, más fácilmente las recordaremos. La repetición de alguna información también es relevante, pues consolidará la memoria.

Un hecho curioso relacionado con la memoria es la disonancia cognitiva. Por ejemplo, alguien comete una infracción de principios o creencias, pero insiste en que no fue nada importante, hasta creer que, de hecho, no lo fue. Esa manera de deformar los pensamientos, con el transcurso del tiempo, resultará en un recuerdo diferente al hecho original. O sea, el cerebro se somete a aquello que elegimos e insistimos en creer, y lo guarda en la memoria.

Moisés, de acuerdo con el versículo de hoy, no podría haberle sugerido al pueblo una mejor manera de conservar vivas las memorias de las providencias de Dios y de sus principios. Antes de que la ciencia abordara el asunto, Moisés estableció las directrices para que las cosas muy importantes quedaran claramente almacenadas en la memoria: reconocerlas, hablar de ellas, pensar en ellas, cultivarlas, etc.

Nuestra memoria también es egoísta, tanto como nuestra naturaleza. Solemos subestimar las cosas buenas que nos hicieron y sobreestimar las malas. Enfatizamos el bien que hacemos a otros y subestimamos lo malo.

Es muy ingrato subestimar, igualmente, lo que Dios hizo y hace en nuestra vida. Por eso, Dios nos advierte que tenemos que recordar. No podemos perder de vista quiénes somos, lo que Dios deseaba hacer con nosotros y quién es él.

Reconozcamos siempre lo que Dios hace por nosotros. No debemos atribuirnos a nosotras mismas las bendiciones que recibimos de él, y recordarlo solo cuando vienen los reveses. Y no insistamos en rechazar la voluntad de Dios, consolidando en nuestro cerebro el mal hasta que no haya más espacio para que el Espíritu Santo nos convenza de la verdad y del pecado.