Hoy
¿QUÉ PUEDES OFRECER HOY?
Mujeres · Del libro Sublime Belleza
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia (Efesios 4:31).
Cómo tratas a tu esposo, a tus hijos, a tus alumnos, a tu empleada, a tu secretaria cuando estás feliz y animada? ¿Abrazas, sonríes, tu voz es suave y agradable?
Por otro lado, cuando estás en problemas, tu semblante está adusto, tu mirada seria, los labios apretados. Cualquier cosa que haga tu hijo te irrita, un comentario de tu esposo hace que lo mires con expresión de enojo, y alguien hasta puede evitar pasar a tu lado para no recibir una mirada fea.
Enfrentamos dificultades cotidianamente; a veces, grandes dificultades. Pero, si dejamos que nuestro humor dependa de esas dificultades, terminaremos tratando de manera desagradable a aquellos con quienes nos relacionamos y que no tienen nada que ver con nuestro problema. Un rostro indiferente y malhumorado, normalmente aleja a los demás de nosotros. Y ver que quienes más amamos se alejan de nosotros no es lo que queremos ni lo que necesitamos, ¿no es cierto?
No todos los días estamos radiantes de felicidad y no siempre conseguimos sonreír a los demás cuando estamos con problemas. Pero es una decisión diaria aprender a administrar nuestros problemas de tal manera que no nos descarguemos en aquellos con quienes convivimos.
Podemos buscar la mejor manera de resolver nuestras luchas íntimas, nuestros reveses y cada desafío que la vida nos presenta. Cuanto más consigamos resolver nuestros dilemas, más conscientes seremos de la importancia de tratar bien a nuestros seres queridos y también a los que no son tan cercanos, con amor cristiano y respeto; los comprenderemos mejor y nos sentiremos menos heridas cuando nos traten mal.
La mejor manera de estar capacitadas para esto es contemplar a Jesús al iniciar cada día. Si lo hacemos, tendremos una disposición agradable y trataremos a las personas como lo merecen, ofreciendo simpatía, amor, gracia y respeto.
Si la primera cosa que contemplamos cada día es ese problema que necesita ser resuelto, automáticamente pasaremos el resto del día condicionadas a los problemas. Como consecuencia, no nos preocuparemos por las personas y por la manera como las tratamos. Podremos ofrecerles irritabilidad, rencor, rabia e indiferencia.
¿Ya contemplaste a Jesús hoy?