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Versículo:Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él (Marcos 10:15).
En esta fecha, en Brasil, se celebran los derechos de los niños y de los adolescentes, con regalos y juegos especiales a los menores.
La fecha, aprobada por Decreto de Ley en 1924, alcanzó popularidad recién en 1960, cuando la fábrica de juguetes Estrela hizo una publicidad con Johnson & Johnson para aumentar las ventas. Así, se inició una era de gran consumo: paradójicamente, un villano contra el cual los educadores advierten.
¿Qué y cómo podemos aprender con los niños? Hugh Prather, en su obra The Little Book of Letting Go [El librito sobre soltar], explica que "copiar el abordaje infantil de felicidad no es comportarse como uno de ellos, sino ver el mundo como ellos lo ven. Es abandonar las percepciones estrechas y las respuestas listas. [...] Transformarse en un niño y renunciar a la responsabilidad de juzgar y de tener la razón todo el tiempo".
Jesús amaba a los niños. Apreciaba su amor y devoción sinceros. Por medio de sus características e intereses, Jesús ilustró grandes verdades espirituales. Para acercarnos a Dios y heredar el reino, deberíamos presentarnos como niños. Con la comparación, puso énfasis en los rasgos de carácter necesarios para entrar al reino: la confianza y la amorosa obediencia de un niño aún no contaminada con los malos ejemplos de los adultos.
Solo cuando nos dirigimos a Dios confiando de corazón en sus planes y promesas para nuestra vida, y con la disposición a obedecerle, estamos preparadas para ser ciudadanas del reino.
La sencillez de un niño es lo que necesitamos para ir a los brazos amorosos de Dios. Es un secreto profundo de reposo aprender que los brazos eternos están a nuestro alrededor, sustentándonos, protegiéndonos y confortándonos. Ese sentimiento de confianza en el amor de Dios es esencial para que aflojemos nuestras mayores tensiones. Nuestra energía ilimitada solamente puede ser retirada de las profundidades de una fe simple e intensa. Y, cuando nos acostamos a la noche, el amoroso Señor nos envuelve y nos arrulla hasta que adormecemos profundamente.
Que la completa confianza y la amorosa obediencia aflojen tu tensión y confíes en la benignidad de Dios. Él se encargará de tu día y de tu noche. Y, lo mejor de todo: Dios está reservando un lugar en su reino para ti.