Devocionales Matutinos

Sabbat Salom

Hoy

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Audios narrados con IA

Las editoriales prohibieron a los ministerios grabar los devocionales y publicarlos en YouTube, y nos quedamos sin audios.

Otros ministerios decidieron narrar devocionales generados con IA. Nosotros creamos un proceso en el que la IA solo lee el texto real de cada devocional, sin cambiar nada. Aún puede tener algunos errores, y estos audios no se publican en YouTube.

Producirlos cada día tiene un costo alto. Gracias por su apoyo y su paciencia.

Versículo:

El sábado se hizo para el ser humano y no el ser humano para el sábado (Marcos 2:27).

Era sábado de tarde y caminaba con algunos amigos, recorriendo las calles y muros de la ciudad vieja de Jerusalén.

El viernes habíamos pasado por un ruidoso mercado judío. Entre la multitud que iba y venía, muchas personas estaban apuradas para prepararse para el sabbat. Pero, ahora, el silencio reinaba por todas partes. Centros comerciales, negocios y el comercio en general estaban cerrados. En las calles residenciales casi no había autos, porque los judíos ortodoxos no conducen durante el sabbat, ya que consideran prohibido realizar actividades como encender motores o usar electricidad. Padres, madres e hijos pequeños caminaban con ropas que les cubrían los hombros, las rodillas y los brazos. Varias mujeres se cubrían el cabello con pañoletas o pelucas; los hombres tenían largas barbas, sombrero o kipá; y las niñas usaban largos vestiditos.

De repente, después de atravesar una calle, un joven judío ortodoxo me alcanzó, me miró con rabia y escupió en mi dirección. Mi amiga me dijo: "Mirian, tu vestido no tiene mangas y tienes una mochila en tus espaldas". Ese día, el termómetro marcaba cerca de los 40 °C. Había elegido un vestido liviano que me llegaba a los pies, pero no tenía mangas. En la mochila llevaba una botella de agua, un sombrero y una merienda. Curiosamente, esa semana, el tema de la lección de la Escuela Sabática era: "Sábado: un día de libertad".

El sábado fue el acto final de la creación, lo que hizo que este reposo formara parte del mundo. Pero el mandamiento aclara que ese descanso debía ser para reforzar la intimidad con Dios y nuestras relaciones con nuestros prójimos.

El hecho de que no deberíamos ejecutar trabajo para nuestra subsistencia en ese día es un recordatorio de la gracia y provisión divinas. ¿Recuerdas el maná? Caía el doble los viernes, pero no caía los sábados: una lección de confianza en el Dios que nos cuida.

Ningún siervo o visitante debería trabajar. Ese día no solo debería beneficiarse el pueblo de Dios, sino todos aquellos con quienes interactuamos y también los que nos sirven.

Recién salidos de la esclavitud, el sábado era para los israelitas un recuerdo semanal de aquel que los había libertado, creado y que los había elegido para propósitos elevados. Actualmente, aun cuando ese día haya sufrido interpretaciones distorsionadas -tanto para ignorarlo como para que se convierta en una carga-, sigue siendo un recordatorio semanal de nuestra conexión con Dios y con el prójimo. Guardar el sábado es una respuesta de amor de los que aman a Dios y esperan el regreso de Jesús.

Devocionales del Sábado, 17 de octubre de 2026 ›