
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Opciones de lectura
Versículo:En cuanto a las mujeres, quiero que ellas se vistan decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos. Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan servir a Dios (1 Timoteo 2:9, 10).
La creación muestra cómo se preocupa Dios con la belleza, variedad y equcolores, elegancia y sencillez. Le agrada la gracia con la que nos presentamos ante su presencia y la de otras personas.
En el ritual del tabernáculo, había orientaciones específicas en cuanto al vestuario de los que oficiaban delante de Dios (colores, disposición, tamaño y materiales usados) porque la gloria de Dios, su carácter y su santidad serían representados.
Eso nos enseña que Dios "tiene una preferencia con respecto a la indumentaria de los que le sirven. [...] Así la indumentaria de los que siguen a Cristo, debe ser simbólica. En todas las cosas, hemos de ser representantes de él" (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 6, pág. 101).
La modestia tiene que ver con moderación, sobriedad, autocontrol y discreción en la vestimenta, en lo que hablamos, en nuestro comportamiento, reflejando nuestros pensamientos, principios y creencias. Aun cuando no representemos perfectamente a una persona, la apariencia es una tarjeta de presentación de nuestra fe. Ella emite confianza o desconfianza, discreción o exhibicionismo, pureza o sensualidad exacerbada, respeto o falta de respeto propio, piedad o mundanalidad.
La modestia forma parte de nuestro interior, de los valores y convicciones que defendemos y por lo cuales vivimos. Por lo tanto, no es exclusiva de los "creyentes", forma parte de los referentes éticos y morales de la sociedad.
Aun cuando la ropa y los adornos no deban ser el mayor motivo de preocupación y ocupación, nuestra presentación y la manera en la que interactuamos con los demás es relevante. Insertadas en una cultura que promueve la inmoralidad y la promiscuidad, tenemos la responsabilidad de dar ejemplo al mundo de que nos respetamos por nuestra manera de vestir y actuar y que honramos a Dios.
Hay un texto maravilloso de Elena de White acerca de este asunto: "El gusto refinado y la mente cultivada se pondrán de manifiesto por medio de un atavío sencillo, apropiado. [...] La que es sencilla y sin pretensiones en su manera de vestir y en sus modales, muestra que comprende que una verdadera mujer se caracteriza por su valor moral. Cuán encantadora, cuán interesante es la sencillez en el vestir, la cual puede compararse en gracia con las flores del campo" (Mensajes para los jóvenes, pág. 349).