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Versículo:Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
Cuando llegué a la Southern Adventist University para mi primer año, no sabía qué esperar. En un torbellino completé todo el papeleo de la matrícula, encontré mi habitación en el hogar de señoritas y descargué mis pertenencias del auto de mis padres. De pronto, mis padres se fueron y me quedé parada en el estacionamiento, con nada ni nadie más que mi llave magnética en la mano.
Con el tiempo aprendí que la llave magnética era prácticamente lo único que necesitaba en la universidad. Me marcaba la entrada en el trabajo, pagaba por mis libros de texto en la librería universitaria, compraba mi comida en la cafetería y abría la puerta de mi habitación por la noche. La llave me daba acceso a todo el campus para que pudiera hacer lo que necesitara.
Jesús quiere acceso completo a nuestro corazón a fin de hacer su obra en nuestra vida, pero solo nosotros podemos entregarle la llave. Como el mesonero de aquella primera Navidad hace tantos años, tenemos que decidir si le daremos lugar a Jesús en nuestro corazón. Nuestro permiso es la única llave que él necesita. Nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20). Jesús necesita un corazón donde vivir y trabajar. ¿Por qué no le das la llave del tuyo hoy?