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Versículo:Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).
Quién es el más grande? Esta pregunta se la hicieron los discípulos a Jesús hace casi dos mil años, pero aún resuena en nuestros días con un tono aún más franco y agresivo. Revela la naturaleza extremadamente competitiva de nuestra sociedad, la cual vive en la búsqueda frenética de la "trinidad del orgullo": poder, estatus y posición. Cada vez son más los que aspiran a lo más alto de la jerarquía, sin importar dónde, cómo ni cuándo. Lo que realmente cuenta es llegar primero.
Sin embargo, las cosas no funcionan así en el reino de Dios. En la jerarquía divina, los últimos son los primeros, los débiles son los fuertes y los que sirven son los más importantes. En la empresa de Cristo, el "organigrama" funciona al revés, lo que indica que el poder pertenece a los que más sirven. Quien quiera ser el líder de los demás debe tomar una palangana y una toalla e inclinarse para lavar los pies de aquellos a quienes dirige. Esto implica renuncia, humildad, espíritu de servicio y, por supuesto, amor.
¿Te gusta servir o ser servido? Servir es contrario a nuestra naturaleza. Preferimos recibir abrazos antes que abrazar a otros. Nos gusta más recibir aplausos que aplaudir. Es mejor recibir una serenata en la puerta de tu casa que cantar una serenata en la puerta de otra persona. Servir duele. Agacharse a lavar los pies de los demás duele. Es más fácil sentarse en el trono y decirles a los demás lo que tienen que hacer.
Sin embargo, si realmente quieres ser grande y marcar la diferencia en el mundo, tienes que aprender a servir. Esta regla de oro se aplica al matrimonio, la iglesia, la universidad, la vida profesional... Dondequiera que te relaciones con personas, tienes que hacerte la siguiente pregunta: "¿Qué puedo hacer hoy para alegrarles el día?"
Jesús es nuestro gran Maestro en el arte del servicio. Dedicó su vida en favor de la humanidad. Incluso en el Cielo, cuando participemos en las bodas del Cordero, se alegrará de servir a los salvados. Cristo dijo: "¡Dichosos los siervos a quienes el Señor encuentre velando cuando él vuelva! Les aseguro que se ceñirá, los invitará a sentarse a la mesa y vendrá a servirles" (Luc. 12:37).
Que tu oración de hoy sea: "¡Señor, enséñame a servir!"