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Versículo:«Den a todos el debido respeto. Amen a los hermanos, reverencien a Dios, respeten al emperador» (1 Pedro 2:17).
En los Juegos Olímpicos recientemente celebrados en París, la delegación mexicana, que participó en 27 disciplinas, contó con más mujeres que hombres. De un total de 109 deportistas, 63 fueron mujeres y 46 fueron hombres. Para muchos, este dato representa una señal del potencial y el talento de las atletas mexicanas en el escenario internacional. Pero llegar a este punto tomó muchos años y esfuerzos.
Cinisca, princesa espartana, logró una hazaña al ganar en dos Juegos Olímpicos consecutivos en 396 y 392 a. C. Cinisca encontró una laguna legal al participar como propietaria de caballos en carreras de carros; su victoria rompió barreras.
Cinisca, hija del rey Arquidamo II y hermana del famoso rey Agesilao II, era una mujer espartana que desafió las restricciones de su época al ganar en dos Juegos Olímpicos consecutivos. Las mujeres en la antigua Grecia no podían participar en los Juegos Olímpicos, pero Cinisca encontró una forma de competir inscribiendo a sus caballos en las carreras de carros. En la antigua Grecia, las victorias en las carreras ecuestres se les otorgaban a los propietarios de los caballos, no a los jinetes, lo que le permitió reclamar la victoria sin estar presente en los juegos.
Cinisca amaba los caballos y tenía una gran finca dedicada a criarlos y entrenarlos. Su motivación para competir ha sido tema de debate; algunos creen que fue impulsada por la ambición personal, mientras que otros piensan que su hermano Agesilao la animó para demostrar que la victoria en Olimpia no era un signo de virtud masculina, sino de riqueza.
Después de la Guerra del Peloponeso, cuando se levantó el veto a la participación de Esparta en los Juegos Olímpicos, Cinisca inscribió a sus caballos y ganó. Su triunfo fue tan significativo que se le erigió una estatua de bronce en Olimpia, junto con esculturas de su carro y caballos, convirtiéndose en los primeros monumentos dedicados a una mujer en las competiciones panhelénicas.
La sociedad ha ido cambiando hacia un reconocimiento cada vez mayor del aporte y valor de las mujeres, lo cual es extraordinario. Por supuesto, no se trata de exaltar un sexo sobre el otro, sino de darles oportunidades a todos. Y de eso habla Pedro cuando dice: «Den a todos el debido respeto». Dios ama a los hombres y a las mujeres; para él ambos valen igual.