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Versículo:«Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder, y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra» (Hechos 1:8).
Hoy hablaremos de Unia Api quien, cuando llegó a la Universidad Adventista del Pacífico, era un estudiante de teología muy singular. A diferencia del estudiante de teología típico, Unia no había vivido la experiencia de la conversión cuando inició la carrera en la universidad. Fue durante su asistencia a la clase de estudio de los evangelios que conoció al señor Jesús y decidió entregarle el corazón para seguirlo. A partir de entonces, sus hábitos de vida cambiaron, especialmente aquellos relacionados con la salud, como lo era el consumo de nuez de Betel, llamada buai en el Pacífico. Esta nuez es altamente estimulante, aún más que el café, pero su uso se ha comprobado que es cancerígeno.
En una ocasión, cuando Unia había terminado el tercer año de teología, un caballero de raza blanca que pertenecía al ministerio misionero autónomo, pero al servicio de la organización adventista, entró al dormitorio de la universidad. Su intención era encontrar jóvenes papuanos estudiantes de teología dispuestos a colaborar en un proyecto en una zona remota del país.
¡Joven!-le gritó el misionero a Unia cuando lo vio a la distancia en el pasillo del dormitorio-. Por favor, necesito ayuda. Llámame a todos los estudiantes de teología que estén disponibles en este momento en el dormitorio.
Unia echó una mirada a los alrededores y le dijo al misionero:
-Pero aquí no hay estudiantes de teología en este momento, porque ya todos se fueron, excepto yo.
-Ah, pues tengo un plan para ti-dijo el misionero-. Irás conmigo a Kerema a un proyecto misionero durante un año. Nosotros nos vamos a encargar de tu manutención y te apoyaremos cuando termines con algo de dinero para tus estudios.
Una idea así no figuraba entre sus planes, sin embargo, Unia dijo que sí y se mostró dispuesto. Muchas oportunidades de servir a Dios nos llegan así, de manera inesperada. Algunas veces estamos preparados y otras no, pero en todos los casos hay un factor común: somos capacitados por el Espíritu Santo. Unia creyó que Dios se encargaría de hacerlo superar sus deficiencias y hacerlo efectivo. Y eso precisamente dijo el señor Jesús en el texto de hoy: «Recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí». En nuestras oportunidades de servicio a Dios, asegurémonos de que le hemos pedido al Espíritu Santo que nos invista de poder.