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Versículo:Dios ha demostrado que nos ama enviando a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por medio de él. Pues el amor no radica en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Queridos, si a tal extremo ha llegado el amor de Dios para con nosotros, también nosotros debemos amarnos mutuamente, 1 Juan 4:9-11.
MIENTRAS DECORABA la casa para la temporada navideña, me encontré con una figurilla de porcelana, de un burro guiado por José y cargando a María y al bebé Jesús. Al sacarla de la caja, viejos y olvidados recuerdos me hicieron volver en el tiempo.
Cuando cumplí trece años, mi querida abuela falleció en el mes de abril, dejando un enorme vacío en nuestra familia. La mayoría de las fiestas y tiempo libre se pasaban en la casa de los abuelos Morgan, porque la abuela era el cemento que mantenía unida la familia. Ahora, otra fiesta se acercaba y para mí y mis familiares, la idea de una Navidad sin la abuela, hacía que todo pareciera muy desolado. Nuestro querido abuelo, siempre amoroso con los niños, sabía que de alguna forma debía de mantener la tradición. Como no era un comprador, se le ocurrió el gran plan de dar a mamá y papá algo de dinero y dejarlos hacer las compras. Nos consultaron a nosotros los niños y nos preguntaron lo que nos gustaría. La respuesta más común para ese tipo de preguntas era «un caballo». ¡Qué sorpresa tuvimos unos días después! Bajando un poco nuestras expectativas, nos hicimos los orgullosos dueños de un burro. Ya era de edad avanzada y se llamaba Austin Pepper.
¡Qué diversión! Lo montábamos todo el tiempo, y éramos la envidia de todos los niños del vecindario. Austin pronto se convirtió en un punto de referencia. Cualquiera que daba indicaciones en el área decía algo como «Está a tan solo media milla al este de donde vive el burro» o «Gire a la derecha justo antes de llegar a la casa del burro». Si alguna vez has escuchado a un burro rebuznar, podrás apreciar la idea de su saludo matutino. Era el ritual de todas las mañanas de Austin Pepper y en un día tranquilo, podía escucharse a varias millas de distancia. Fue un muy querido agregado a nuestra familia y nos dejó muchos grandes recuerdos.
A causa de la muerte de la abuela y los subsecuentes regalos del abuelo, nuestra familia tuvo muchos años de gozo con nuestra mascota. Por la vida y muerte de Jesús, tenemos un maravilloso regalo de nuestra familia celestial, podemos disfrutar la eternidad juntos. Recordemos la verdadera razón de esta temporada.
Diana Inman