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Versículo:No tengan miedo; ustedes valen más que todos los pájaros, Mateo 10: 31.
HACE MUCHOS AÑOS salía del trabajo con un compañero y encontré un polluelo que se había caído de su nido. Un estornino regordete y bien alimentado estaba en el suelo y no podía volar, pues todavía no tenía todas sus plumas. Todos en el trabajo pensaron que no sobreviviría al fin de semana, pero decidí recogerlo y llevarlo a mi casa. El pajarito estaba lleno de energía, piaba y hacía bullicio. Así que a nadie sorprendió que no solamente sobreviviera, sino que se superó bajo el cuidado de mi familia. Pero el pajarito no podía volar y cojeaba al caminar Quizá había sido por su caída o tenía algún otro problema. Sin embargo, el pájaro ahora llamado Junior estaba lleno de vida y le encantaba comer y bañarse.
Nuestra gata Cookie tenía la gran tentación de atrapar al pajarito y comérselo. Mi papá solucionó ese problema al arrojar una pantufla a Cookie. Desde entonces, supo que el pájaro estaba prohibido para ella y cada vez que andaba en el césped, Cookie se alejaba corriendo, pues no quería que le enviaran una pantufla. El pájaro tenía un protector vigilante.
Pensar en todo lo que pasó el ave, me hizo pensar en las pruebas y tribulaciones que afrontamos. El ave estaba tan ignorante e inocente ante los peligros que la rodeaban. En primer lugar, estaba lejos de la protección de su nido, lejos de mamá y papá. Solo en el suelo de concreto del estacionamiento, no podía volar. Cualquiera podía haberlo lastimado. Luego casi se lo comió una gata. Esa joven ave enfrentó aquellos peligros increíbles pero siempre tuvo protección.
Nosotros también podemos encontrarnos lejos de un lugar seguro y corremos el riesgo de que nos pasen cosas malas. Mas, como ese pajarito que recibió ayuda, Dios también está para ayudarnos.
La Biblia dice que Dios sabe cuándo cae un ave al suelo, «¿No se venden cinco pájaros por unos céntimos? Pues ni de uno de ellos se olvida Dios. En cuanto a ustedes, tienen contado hasta el último cabello de la cabeza. No tengan miedo, porque ustedes valen más que todos los pájaros» (Lucas 12: 6, 7). Así que Dios sabe exactamente qué sucede a cada persona. No solo tiene su ojo sobre los pájaros; tampoco nos quita la vista de encima. Siempre recordemos que Dios está disponible y es nuestro auxilio en las tribulaciones.
Rosemarie Clardy