Devocionales Matutinos

Nuestras Oraciones Llegan a Dios

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

El aroma de los perfumes, junto con las oraciones de los santos, subió de la mano del ángel hasta la presencia de Dios, Apocalipsis 8:4.

HABÍA CAÍDO EL RÉGIMEN comunista en Bulgaria hacía seis o siete años. Hubo una enorme inflación y tremendo desempleo. Acababa de casarme y todavía estaba en la universidad. Mi esposo trabajaba para la iglesia y su salario era cuatro veces menor al que ganaba en su empleo anterior. El futuro era vago y para mi melancólico temperamento, también parecía desalentador. Constantemente preguntaba a Dios: «¿Encontraré un trabajo decente después de graduarme? ¿Tendremos casa propia? ¿Tendremos un techo y suficiente dinero para criar a un hijo?». ¿Cómo saber las respuestas? Era como si esperara a escuchar una voz del cielo que me diera conocimiento de mi futuro. Repetí mis problemas una y otra vez en mi mente, pero no hubo respuesta. Quería hablar con Dios como Job. Ya no buscaba una respuesta, solamente certeza de que Dios me escuchaba. Si tan solo hubiera podido subir al cielo donde Dios estaba sentado, callado e impasible.

Luego leí la escena majestuosa del texto de hoy. No es que jamás lo hubiera leído antes, pero ahora me impresionó profundamente. Ahí, en el altar dorado ante el trono de Dios, estaban mis oraciones con todas las de los santos (versículo 3). Al prestar especial atención a las oraciones, el ángel las ofrece ante Dios como aroma de incienso. Sentí como si realmente hubiera subido al cielo. ¿Importaba que estuviera ahí, físicamente presente, o nada más mis palabras y pensamientos? Me avergoncé de mi falta de creencia.

Desde ese momento, cuando oro imagino esa atmósfera solemne: la sala del trono del universo, llena de ángeles; Dios mismo en el majestuoso trono, el altar de oro y mis oraciones que ascienden hasta Dios.

Esa innovación fue una cura para mis temores, mi desconfianza y mis pensamientos tontos y mi mente que divagaba al orar. La paz en mi corazón se restauró y mi autoestima de mujer volvió. Dios había contestado mis oraciones milagrosamente por medio de la Biblia. Años después hizo milagros verdaderos en mi vida, para demostrar que de hecho, nada había de qué preocuparse.

Pettya Nackova

Devocionales del Viernes, 29 de diciembre de 2017 ›