Hoy

IRÉ CONTIGO A CUALQUIER LUGAR

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; Sun pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya (Lucas 22:42).

John Hunt fue un metodista que dedicó su vida a la misión. Cuando era joven y estaba comprometido con su novia, fue invitado a trabajar en África. Pero hubo un cambio de planes, y la sociedad misionera le comunicó que debería ir a Fiyi. 

John Hunt aceptó el llamado de Dios, ¿pero, lo acompañaría su novia? Antes de llamarse Fiyi, ese actual conjunto de 322 islas en el Océano Pacífico se denominaba Islas Caníbales. El lugar estaba habitado por tribus feroces y traicioneras que cometían actos brutales. Las víctimas eran frecuentemente torturadas y desmembradas aún con vida. En medio de rituales, abuso de los cuerpos, cantos y tambores, consumían carne humana. El último incidente registrado de canibalismo en Fiyi fue en la década de 1860, con la muerte del misionero reverendo Thomas Baker.

A ese lugar John llevaría a su futura esposa. Entonces, le escribió una carta en la que le contaba del nuevo desafío. Le daría tiempo para que lo pensara, y respetaría su decisión.

Y la respuesta llegó: "¡Iré contigo a cualquier lugar!". En 1838, John Hunt y Hanna llegaron a Fiyi.

Hay una palabra que expresa muy bien este espíritu de sacrificio: abnegación. Proviene del latín abnegare, que significa 'rehusar', 'negar', 'renunciar'. Por lo tanto, abnegarse es renunciar a los propios intereses y tendencias naturales; es sacrificarse por otra persona, por una idea o causa. For Comentando sobre la ruina de Salomón, Elena de White dice: "Entre las causas primarias que indujeron a Salomón a practicar el despilfarro y la opresión estuvo el descuido en conservar y fomentar el espíritu de abnegación" (Profetas y reyes, pág. 44).

Si deseamos ser aceptadas por Dios, necesitamos cultivar, por intermedio del Espíritu Santo, la abnegación. "La devoción abnegada y un espíritu de sacrificio han sido siempre y seguirán siendo el primer requisito de un servicio aceptable. [...] En todas nuestras labores debemos recordar que los mayores talentos o los servicios más brillantes son aceptables tan solo cuando el yo se coloca sobre el altar, como un consumido holocausto vivo" (Profetas y reyes, pág. 47).

Quizá no tengamos que enfrentar el desafío de Hanna, pero Dios nos pide que renunciemos a nuestro yo, al corazón impuro y egoísta, para que su pureza y altruismo tengan lugar.