Hoy
Fíjense en las Aves del Cielo
Mujeres · Del libro Sublime Belleza
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Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? (Mateo 6:26).
En el trajín de la vida, muchas veces dejamos de lado pequeñas bellezas que pueden traernos aliento y grandes lecciones.
Cierto día, fui a descansar mi mente del trabajo en la computadora en una habitación en el fondo de la casa. En el techo ¡había una sorpresa! Una pequeñita y perfecta construcción de paja. No resistí a la curiosidad. Y, al subir a una escalera, vi a dos criaturitas emplumadas con sus piquitos abiertos que esperaban la llegada de su madrecita. Muy pronto, llegó y, percibiendo mi presencia, no escondió su preocupación.
Bajé muy rápido y la mamá con su comidita voló rápidamente hasta sus bebés que estiraban sus cuellitos y abrían el pico, gimiendo de hambre. Manteniendo distancia acompañé diariamente el crecimiento de esos zorzales marrones y el cuidado de su mamá. Pronto crecieron y comenzaron a practicar el vuelo. La mamá pajarito seguía acompañando su desarrollo. Les traía frutitas y bichitos en el pico. Entonces, un día, desaparecieron.
Quedé encantada pensando en tantos ricos munditos que coexisten en nuestro gran mundo de preocupaciones, tensiones, tristezas y desilusiones.
Corremos tanto para ganar más y alcanzar más que lo necesario. La búsqueda inescrupulosa e incongruente por lo material pone en riesgo la salud, las relaciones, la alegría y el contentamiento. Y ¿no son justamente esas cosas las que necesitamos: salud, relaciones sanas, alegría y contentamiento?
Jesús enfatizó en el mensaje a sus oyentes sobre la importancia del descanso: "Mirad las aves del cielo" (Mat. 6:26). Él sabía que sus hijitos caerían en la trampa de la búsqueda alocada por el alimento y por las necesidades materiales. Sin embargo, el Maestro quería que aprendieran a depender de él.
Si nuestra vida fuera menos agitada y disfrutáramos más de los pequeños placeres que no cuestan tanto, ¡la vida sería más tranquila! Si trabajáramos moderadamente y descansáramos nuestro espíritu en la confianza de que dependemos de Dios para respirar, tendríamos más salud.
Intenta aprender de la sabiduría divina. No dependas tan solo de ti misma, sino de Dios. Tu vida está en sus manos. Fue él quien te creó. ¿No te daría lo necesario? ¿Por qué desesperarnos? ¡Eres la hija del que mantiene el universo! Hay un Padre que te ama como a sí mismo. Mira las aves del cielo y descansa en el Señor.